Ilustración de Arturo Domínguez

Ilustración de Arturo Domínguez

Me ha encontrado la madrugada,
agazapado entre mis recuerdos,
con la luz de la mesilla encendida,
como una estatua, mirando al techo.

Sopla el viento sobre la cubierta,
la lluvia golpea contra el suelo,
se empaña mi alma, aun dormida,
la tormenta se lleva los recuerdos.

He cruzado la bahía por la mañana,
observando curioso el horizonte,
recorriendo con la mirada la playa.
El mar se había llevado tu nombre.

Nos ha quemado la piel el verano,
noches luchando con no ver salir el sol,
maravilloso cabalgar de tus besos desnudos,
luchando contra el tiempo, siempre agotador.

Y después del estío las palabras en la mesilla,
la añoranza en este velero sin destino ni motor,
un terremoto fundiendo los sentidos,
tu recuerdo certificado cada mañana en mi buzón.

Ahora mi condena, al cerrar los ojos por las noches,
me acosan los recuerdos, el verde olor del mar,
las luces fluorescentes de los barcos a lo lejos,
la arena de la playa, los instantes de cristal.

Mientras tanto se amotinan los recuerdos,
ya solo quedan los escombros en el colchón,
nuestros pelos enlazados en la madera,
donde desnudos, nos sorprendió el amor.

Pasaba el tiempo sobre tu cabello,
barajaba las horas entre tus rizos,
susurraba cada noche en tus caderas
y el mundo era un lugar tan distinto.

He dejado en el puerto mis zapatos,
descubrí que no se mide el tiempo, a golpe de reloj
me he agarrado con toda mi fuerza al viento,
alzando el vuelo, con mis sueños por motor.

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