Archivo de la etiqueta: versos amor

Vuelve

espejo

Hace tiempo que el frío
se ha quedado a vivir conmigo.
Se ha acomodado en mis huesos
secos y carcomidos.

Hace meses que me rompí.
Sólo escuchaste el silencio.
Ni los trozos sonaron
al golpear el suelo.

No te sobresaltó
el hueco vacío de
mis latidos,
ni el repentino sonido
de el motor del frigorífico.

Hace tiempo que sigo
sobre la misma baldosa
inmóvil, mirando al mar.
Sólo espero
no verte aparecer
de nuevo,
nunca más.

Simplemente es eso.
No necesito tu piel
sobre mis días,
ni tus cabellos
perfilando los sueños.

No preciso de tu cielo.
Sólo es eso.
Urge que vuelvas.

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Veinte céntimos en el aire

Me ha explotado en la cara
esta mañana la sociedad,
basura a la cual me siento unido,
como un navío anclado al alquitrán.

Era uno más en la acera,
típica estampa, mano y cartón,
“sin techo, sin familia, sin nada”
con la mirada perdida, como yo.

Pero sus ojos eran tan azules,
y su frente tan arrugada
que traspasó mi ropa, mis huesos…
Congeló la sangre de mis entrañas.

Supe que un día, había sido niño,
con sus zapatos sucios,
canicas, cromos y caramelos.
Quería crecer,
quería ser piloto…
Tenía como yo, tus sueños.

Ya no merece ni la sonrisa,
ni tan siquiera la mirada.
Él, que tuvo familia, amigos,
de todo, ya le queda nada.

Y desde su acera pasa la gente,
pasan personas, las horas eternas,
con su mirada inerte, sin sueños,
algunos confusos, echamos monedas.

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Conjugando

Un latido en el aire,
siete en la palma de mi mano,
el miedo, acariciando la roca
mi mar, la calma.
Colgado.

La luna posada sobre la mesa,
en la terraza, una silla tiritando,
pollo, chile, dos cervezas,
miradas, calcetines…
Destrepando.

Catorce latidos escondidos,
más de treinta…
Treinta y tantos…
Al galope, por las escaleras,
sin riendas, a oscuras.
Gateando.

Todo lleno de latidos,
las sábanas,
tu cuerpo entre mis brazos,
el aire, las paredes,
tus sabores, las palabras,
la realidad…
Conjugando.

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Annabel

Ausente el tiempo de su prisa,
me acobarda el vértigo en el suelo,
con ambos pies pisando firme,
con las manos tan lejos del cielo.

Me da miedo mi corazón silencioso,
cuando ciego, no asoma por la boca.
Me aburre el paso rítmico de los días,
la rutina, el no sentir la cuerda floja.

Quisiera ser tan jodidamente perfecto
como esta canción, que no deja de sonar,
sin otro pensamiento, que amar y ser amado,
como todos saben, en aquel reino junto al mar.

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Shhhh

Shhhh,
no agites el aire con tus parpados,
deja que se pose la brisa del mar,
shhh
no mires, no pienses, no me escuches,
solo siente…
siente sin más.

Shhhh,
escucha el viento rozando mi cabello,
la respiración de las gaviotas al volar,
Shhhh,
el chapotear de los rayos solares,
en su infinito y cálido salto mortal.

Shhhh,
Acaricia con las manos el cielo,
enreda tus dedos en las nubes,
Shhhh,
crea estrellas, constelaciones,
juega con los dioses, descubre…

Shhh,
Huele la madera que el sol calienta,
siente mis besos, su dulce sabor a sal,
Shhh,
deja que erice la piel de tus pechos desnudos,
deja que naufraguemos, una vez más.

Shhh,
Que vuelen las horas, el absurdo de los días
que me sorprenda la luna sobre tu piel, las cartas
Shhh,
trazando rumbos, derrotas, abatidas,
deja que trace sin compás, la ruta de mi vida.

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Una de ratones

Quizá no he seguido bien los pasos
acostumbrado a buscar lejos del camino,
siguiendo la derrota de cualquier mariposa
me despertaba la mañana, estando dormido.

A menudo me embriagó la madrugada,
perdido en alguna playa, sediento de amor,
borrando con mis pasos el rastro de las olas
con los ojos cegados por la puesta de sol.

Quise enseñarte que todo es eterno,
mostrarte las palabras, el sonido del mar,
cantarte cada noche, acariciarte el alma,
ratoncito Pérez, feliz navidad.

Pero hoy que zarpa este barco oxidado,
juro que ya no entiendo nada, sólo dolor,
el dolor de una lluvia de cristales cortantes
que recorren mi cuerpo en descomposición.

La vida me arroja de una patada lejos,
a comprarte los juguetes, la ropa y el pan,
me priva del aire, de los cuentos, tu risa,
me destierra del mundo, sin poderte cantar.

Las horas pasarán eternas, sin sentido,
me agotará el esfuerzo de pensar en respirar,
los días se harán racimos, formarán años,
morirá el ratón de los dientes.
Postal de navidad.

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Tormenta de verano

Ilustración de Arturo Domínguez
Ilustración de Arturo Domínguez

Me ha encontrado la madrugada,
agazapado entre mis recuerdos,
con la luz de la mesilla encendida,
como una estatua, mirando al techo.

Sopla el viento sobre la cubierta,
la lluvia golpea contra el suelo,
se empaña mi alma, aun dormida,
la tormenta se lleva los recuerdos.

He cruzado la bahía por la mañana,
observando curioso el horizonte,
recorriendo con la mirada la playa.
El mar se había llevado tu nombre.

Nos ha quemado la piel el verano,
noches luchando con no ver salir el sol,
maravilloso cabalgar de tus besos desnudos,
luchando contra el tiempo, siempre agotador.

Y después del estío las palabras en la mesilla,
la añoranza en este velero sin destino ni motor,
un terremoto fundiendo los sentidos,
tu recuerdo certificado cada mañana en mi buzón.

Ahora mi condena, al cerrar los ojos por las noches,
me acosan los recuerdos, el verde olor del mar,
las luces fluorescentes de los barcos a lo lejos,
la arena de la playa, los instantes de cristal.

Mientras tanto se amotinan los recuerdos,
ya solo quedan los escombros en el colchón,
nuestros pelos enlazados en la madera,
donde desnudos, nos sorprendió el amor.

Pasaba el tiempo sobre tu cabello,
barajaba las horas entre tus rizos,
susurraba cada noche en tus caderas
y el mundo era un lugar tan distinto.

He dejado en el puerto mis zapatos,
descubrí que no se mide el tiempo, a golpe de reloj
me he agarrado con toda mi fuerza al viento,
alzando el vuelo, con mis sueños por motor.

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Cartones

He secuestrado cartones de la basura,
esta noche, mi amor, no tendrás frío,
buscaré un portal con vistas a la vida,
te arrastrare al sueño, bebiendo vino.

No entiendo por qué no sopla la brisa,
ni el azote de las rocas contra el mar,
las gaviotas surcando los cielos,
los disparos de las lágrimas de pan.

Pasaran hoy miles de coches,
yo, sin vida, apoyado en la pared,
acariciando tu cabeza, roto el futuro
borracho, sin ya nada que perder.

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Rastro

En este puesto del rastro,
vendiendo cd’s de los Doors,
camisetas de los Rolling,
pedazos rotos de corazón.

Liquido los sentimientos,
ya sólo me quedan cuatro,
el dolor, la rabia y la amargura,
la soledad pegada a mis zapatos.

No consigo ni regalarlos,
nadie los quiere llevar,
y otra vez en la maleta
a mi lado vuelven a viajar.

De madrugada, entre las paredes
lo que queda de mi casa,
en una esquina con ginebra
sólo flota, con hielo la resaca.

Y el techo se derrumba
como una noche de verano,
y sueño que te desnudo,
que duermo entre tus manos.

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Regalo

Regalo mi vida a quien la quiera,
sólo la tiene que venir a buscar,
no pido mucho, sólo el viaje,
camino sin retorno a cualquier lugar.

No llevaré conmigo ningún equipaje,
incluyo también mis botellas de ron,
la colección de fotos en las que no salgo,
un juego de cuerdas para una Les Paul.

Mi tesoro de cristales verdes con sal,
más de mil canciones sin derechos de autor,
las manchas del café, un juego de sábanas,
postales no enviadas de puestas de sol.

El sombrero de mojarme cuando llueve,
un paraguas de varillas para el rocío,
las botas de goma para la escarcha,
sandalias para caminar si hace frío.

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Huellas

El amanecer me despierta
borracho en una playa,
cubierto de la escarcha
de otra noche que se acaba.

Botellas de ron vacías,
colillas consumidas,
huellas sobre la arena.
Rastrojos de mi vida.

El sol ciega los recuerdos,
el mar como siempre amenaza,
los cuervos rebuscan en la basura,
¡Dios! ¡Tremenda resaca!

Las horas pasan y pienso…
Sueño y me duermo,
Abro los ojos y no distingo
si estoy viviendo o estoy muerto.

Los recuerdos cuelgan del techo,
en los cajones todo revuelto,
cabeza abajo como siempre,
no comprendo lo que ahora entiendo.

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Puto mundo loco

UN OSITO DE PELUCHE SUCIO RODEADO DE ESCOMBROS

La muerte devora a la vida,
la risa ya no brota de los ojos,
los sueños sepultados bajo escombros,
la miseria, el lujo de unos pocos.

Colecciones de peluches río abajo,
mar de sangre sin derecho a fluir,
dioses vagando, borrachos, sin rumbo,
cielos negros, día de lluvia sin fin.

Banderas en las fosas comunes,
buscando el mejor sitio en la foto
uniformes, medallas, sensacionalismo,
dinero negro, el problema es de otros.

Sentados a los pies del infierno,
niños a la fuerza dejando de crecer,
de la mano fría de papá cadáver,
abrazado a nada, sin comprender.

¿Por qué no me seca el llanto?
Tengo tanto miedo… ¿No me ve?
¿Por qué no hay comida? Tengo hambre
Tiemblo de frío, no sé qué hacer.

Han pasado ya dos días,
qué raro papá no se ha vuelto a despertar,
tengo tanto sueño que dormiría para siempre
me acuesto sobre una piedra, a esperar…

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Hierba mojada

Tumbado sobre la hierba mojada,
se derrumba el cielo sobre mí,
a patadas con las estrellas,
esquivando las ganas de vivir.

Mis ojos ya no cuentan nada,
mi boca cerrada no sabe leer,
mis oídos no sienten tus besos,
no te huelo desnuda en mi piel.

Un gato de piedra ladra a la luna,
cierro los ojos, las manos y recuerdo,
cuando la acariciaba toda la noche
dormida entre las palmas de mis sueños.

Paso la tarde masticando cristales,
entre el rocío, regado de alcohol,
pintura amarilla en los nudillos gastados,
desnudo, colgando del punto de inflexión.

He aprendido a llorar bajo la lluvia,
a respirar en tu pecho el mar,
a tirar piedras a la luna,
he aprendido todo lo que tengo que olvidar.

Las hojas de los libros se queman,
de las cenizas brotan las revoluciones,
del ayer un futuro sin hoy, ni mañana,
en las brasas quedan las canciones.

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Fantasía I

Y llegó el otoño y me despierto cansado,
confuso y con un extraño olor a cera mezclada
con aceite y sudor, con la sensación de haber
estado soñando toda la noche, cautivo de un delirio
de amor. Fuera cantan los pájaros mientras
las primeras hojas marrones empiezan a descender
colgadas de la brisa hasta posarse sobre las
gotas de rocío, gotas que ayer noche se agrupaban
en mi espalda para formar un río de deseo
precipitándose hacia mis caderas, para ir
a morir a tu ombligo… Cierro los ojos e
intento volverme a dormir enredado en
recuerdos y olores intensos, me veo sobre
el universo, sin aire, con la respiración
entrecortada, buscando tu aliento, brisa
que me ata a la vida, me tiemblan los brazos,
inmóvil, paralizado observando el infinito
océano de tus ojos, lluvia de estrellas,
cometas y soles explotando, todo, me siento como
un dios abrazado al universo, sintiendo su grandeza
su energía en expansión, golpeándome el pecho y
llegándome a detener el corazón por un instante.
La melodía se inflama en contacto con las velas
y como si de fuegos artificiales se tratase se
desintegra sobre nuestros cuerpos desnudos,
calando hasta los huesos, empapando el colchón
de colores armoniosos, me dejo caer y deseo no
volverme a despertar….

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Azulejos

Desnudo, vacío frente al espejo
llorando, temblando ojeroso.
Un manojo de piel y de huesos.

Destrozo de un golpe de puño
ese maldito y transparente reflejo,
cristales, sangre y pasta de dientes,
cuchillas, recuerdos, astillas, pelos.

Con las manos ensangrentadas,
de rodillas en el techo,
ruedan lágrimas por los azulejos,
telarañas recorren mi pecho.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

Dejo pasar la vida entera,
apático, borracho y taciturno
discuto cada noche con mi alma,
le pego, la encierro, la insulto.

Pierdo todo lo que gano,
y lo que gano no vale de nada,
y otra vez vuelta a la rueda,
y otra vez como alma en pena.

Como un perro abandonado sin dueño,
un saco viejo lleno de recuerdos,
aullando cada noche a las estrellas,
recordando cuando la vida eran huesos.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

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Escarcha

Cuando sus labios se separaron de mi boca
el tiempo se volvió cristal en su mirada.
Lágrimas brotaban de sus ojos temblorosos,
una fría cuchilla oxidada me acariciaba.

Las manos se abrieron sin vida
dejando caer al suelo la escarcha,
la habitación se volvía oscura y confusa.
El alma perdida, sin rumbo se precipitaba.

No hicieron falta palabras de despedida,
el agua salada por momentos me ahogaba,
siguiente paso, cruzar esa maldita puerta,
salir a la calle, olvidar que la amaba.

De rodillas en el ascensor, inerte,
solo dos pisos me separan del cielo
al que subí a dejarme la vida,
del que baje, directo al infierno.

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