Archivo de la etiqueta: poesía ferrol

Coordenadas

Hace ya un día que te fuiste
pero me duele tanto como si fuese ayer
y aun sigue la luz del pasillo encendida
con mi cabeza apoyada en la pared.

Que daño me hace la humedad
cuando no es contigo,
cuando las paredes no sonríen
y las frases pierden su doble sentido.

Me duele ver que no ocupas
las mismas coordenadas que mi cuerpo
mientras observo como los segundos
se tornan infinitos
y la luz del pasillo sigue encendida
y sigo sentado en mi sitio.

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Amapola

Amapola

Esta mañana vomité mi vida
me deshice por la boca
mientras llovía.
Llovía mucho.

Toda esa lluvia
que no me había mojado
en los últimos cien años
se deslizaba por mi piel
tatuada de mar.

Llovía sobre la tinta,
ríos sobre mis cicatrices,
sobre tanto llanto escondido
tras una sonrisa falsa de libertad

No necesitó diez vidas
para agotar las 7 de gata
que aparentaba tener,
le sobró apenas media.

Como una amapola prematura
se quemó con el deshielo,
dejando solo un tallo marchito

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Salero de jabón

Salero de jabón

Se gastaron las pieles
de tanto rozar el cielo.
Se gastaron las mentiras
se llenaron de miedo.

Se terminó el agua
de las duchas compartidas.
Se terminó el jabón.
me lavó la sonrisa.

Se ha gastado el tiempo
se ha gastado la vida
se ha gastado este doble juego
ha terminado la partida.

Se acabó la sal del salero
con que untabas mis heridas,
cicatrizaron y ya no escuecen,
las curé con mi saliva.

Se esfumaron las ganas
de amanecer desnudo,
se esfumaron con el
viento frío y vagabundo.

Se rompió esta mañana
el reflejo de la luna,
se fue llevándose
las olas y la espuma.

Se borraron las sonrisas
de los espejos empañados
se desbordaron la lágrimas,
y empaparon mis manos.

Se me desbocó el corazón,
salió al galope
ahora danza libre
por las calles de la noche

Enmudecieron las canciones
se apagaron los acordes,
se rompieron la cuerdas,
olvidé todos tus nombres.

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Había una vez

Había una vez
Había una vez

Un millón de años y la piedra sigue ahí.
Sentada ante mí, y yo esperando que me diga algo.
Un millón de años bajo el sol, mirando al mar,
esperando que algún día mi inocencia emerja de las aguas para,
en una ola, bañarme de nuevo.
No, yo tampoco he abierto la boca en todo este tiempo,
pero soy de esa clase de locos que no saben comportarse.
Quizá tengas razón; nunca supe madurar,
pero en mi hazaña de no perder la locura no hubo sitio
para tu sensatez…
tu madurez…
tu búsqueda de explicación
tus razones para todo.
Mi mundo es porque sí.
Una ola rompe y me salpica de fantasía.
Ya no recuerdo tu nombre ni mucho menos tu mirada.
Olvidé tu puta manía de colocar mis cosas
de ordenar y emparejar mis calcetines.
No has entendido mi camino, ni mis huellas.
Y ahora resulta que:
Había una vez… fin del cuento.

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Manos

Mira mis manos vacías,
¡cuenta! me sobran dedos
para enumerar con ambas
lo que queda de mis sueños.

Estas manos hoy ásperas
han naufragado entre tu pelo,
se han empapado de tu aroma,
han bebido de tu sexo.

Jugaron bajo la almohada,
danzando sin compás,
han besado más que mis labios,
navegaron por tu mar.

Mira mis manos desgarradas,
las mismas que te hacían volar,
manos que han rozado el cielo
y hoy no paran de sangrar.

Ahora las paredes vacías,
la sombra donde hubo color,
alcayatas huérfanas de padre,
flores buscando un jarrón.

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