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Ducha

ducha

Hay ciertos días de lluvia
en que aprieta fuerte el corazón,
lloran los cristales de la terraza,
y  mi alma ya no atiende a razón.

Son días de quedarse sentado,
enmudecer, enroscado en el salón,
abrir un libro y solo oir tus labios,
rozar mi barba con tu respiración.

Buscar el beso que surge de los ojos,
cuando muda la voz, pierde su presencia,
cerrar el alma y beber de tu boca,
sin prisa empaparme de tu esencia.

Hay días largos como meses
en los que solo queda habitar la ducha,
invertir horas en borrar tus huellas,
fundirlas con las lágrimas y la espuma.

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Mosquitos

Me quedé a vivir
aquella primavera
entre sus muslos.
Bebí de su piel
hasta ahogar mis sueños.

Me olvidé del mar
y del viento.
Me olvidé de pasado
y el azahar.

Bebí su alma
hasta fundirla
con mi sangre
y desde ese día,
ya no busco despertar.

Me quedé
dando caza a sus mosquitos
observándola dormir
en paz,
desnuda sobre las sabanas
de seda,
sentado ante la ventana,
dejando la vida pasar.

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Comiendo pipas

Adivino que el tiempo
me irá disfrazando de viejo,
arrancándome el pelo,
tirándolo al mar…
cuarteando mis velas,
ahogando mis sueños.
Después de mi último día,
lo sé…
no vendrán más.

Y me siento en la roca,
mirando pasar las aves,
cierro los ojos,
miro hacia atrás…

“En un banco del parque,
comiendo pipas”.
Soñando los sueños
que ya nunca vendrán.

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Primavera

No vale la pena ya recordar
aquella primavera, sin flores,
grillos de porcelana cantando,
la avalancha de revoluciones.

Mariposas yaciendo inertes
en un estómago lleno de ron,
hielo corriendo por las venas,
el silencio de una canción.

Palomas de papel surcando
el cielo, bajo la lluvia,
dirección a ninguna parte,
durmiendo en la basura.

Lo absurda que es la vida
cuando no vale lo que pesa,
el paso de nubes lentamente,
la soledad, la luna, la certeza.

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Huellas

El amanecer me despierta
borracho en una playa,
cubierto de la escarcha
de otra noche que se acaba.

Botellas de ron vacías,
colillas consumidas,
huellas sobre la arena.
Rastrojos de mi vida.

El sol ciega los recuerdos,
el mar como siempre amenaza,
los cuervos rebuscan en la basura,
¡Dios! ¡Tremenda resaca!

Las horas pasan y pienso…
Sueño y me duermo,
Abro los ojos y no distingo
si estoy viviendo o estoy muerto.

Los recuerdos cuelgan del techo,
en los cajones todo revuelto,
cabeza abajo como siempre,
no comprendo lo que ahora entiendo.

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Puto mundo loco

UN OSITO DE PELUCHE SUCIO RODEADO DE ESCOMBROS

La muerte devora a la vida,
la risa ya no brota de los ojos,
los sueños sepultados bajo escombros,
la miseria, el lujo de unos pocos.

Colecciones de peluches río abajo,
mar de sangre sin derecho a fluir,
dioses vagando, borrachos, sin rumbo,
cielos negros, día de lluvia sin fin.

Banderas en las fosas comunes,
buscando el mejor sitio en la foto
uniformes, medallas, sensacionalismo,
dinero negro, el problema es de otros.

Sentados a los pies del infierno,
niños a la fuerza dejando de crecer,
de la mano fría de papá cadáver,
abrazado a nada, sin comprender.

¿Por qué no me seca el llanto?
Tengo tanto miedo… ¿No me ve?
¿Por qué no hay comida? Tengo hambre
Tiemblo de frío, no sé qué hacer.

Han pasado ya dos días,
qué raro papá no se ha vuelto a despertar,
tengo tanto sueño que dormiría para siempre
me acuesto sobre una piedra, a esperar…

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Hierba mojada

Tumbado sobre la hierba mojada,
se derrumba el cielo sobre mí,
a patadas con las estrellas,
esquivando las ganas de vivir.

Mis ojos ya no cuentan nada,
mi boca cerrada no sabe leer,
mis oídos no sienten tus besos,
no te huelo desnuda en mi piel.

Un gato de piedra ladra a la luna,
cierro los ojos, las manos y recuerdo,
cuando la acariciaba toda la noche
dormida entre las palmas de mis sueños.

Paso la tarde masticando cristales,
entre el rocío, regado de alcohol,
pintura amarilla en los nudillos gastados,
desnudo, colgando del punto de inflexión.

He aprendido a llorar bajo la lluvia,
a respirar en tu pecho el mar,
a tirar piedras a la luna,
he aprendido todo lo que tengo que olvidar.

Las hojas de los libros se queman,
de las cenizas brotan las revoluciones,
del ayer un futuro sin hoy, ni mañana,
en las brasas quedan las canciones.

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Barco de Papel

A la deriva navego en un barco de papel,
creado con hojas del diario del olvido,
las velas retales rasgados de mi piel,
cosidos con recuerdos, con sonidos.

Soy el capitán de mis sueños sin cumplir,
siempre del lado de las causas perdidas,
de los corazones sin dueño ni puerto,
de las almas naufragando a la deriva.

El capitán de todas mis pesadillas,
de las lunas despiertas, mal dormidas,
de las noches aullando a las estrellas,
de las canciones que quedan en la orilla.

Soy el capitán de esta piel pintada,
de las cicatrices que no niegan mi pasado
del dolor en el pecho cuando recuerdo
el triste sabor de un beso amargo.

La noche aparece tras la niebla,
solitario el barco se va empapando,
aparecen los fantasmas en la espuma,
las letras del diario se van borrando.

Se hunden los pies en el agua fría,
los recuerdos se quedan flotando,
las lágrimas ruedan cara arriba,
el capitán nunca abandona el barco.

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Trébol

Telas de araña en el firmamento,
colchones sucios, destrozados,
restos de calor en las paredes,
cristales rotos, ensangrentados.

Vertical, observo el horizonte
tras las cortinas de los días,
amenazante como las rutinas
desafiante como tu sonrisa.

Mi futuro carcomido me espera
en el fondo de un pozo negro,
infinito como un laberinto,
sin Alicia, ni hadas ni conejos.

Deshojo tréboles de tres hojas,
empiezo siempre en “no me quiere”.
La esperanza perdida hace tiempo.
A veces la vida es vida, duele.

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Dos monedas

Ya noto como no funciona nada,
como a cada latido detengo un reloj,
estallan la palabras en mi cabeza,
poco a poco pierdo el control.

Las olas golpean mis castillos de naipes,
las arenas movedizas cubren mis pies,
las flores que no riego agonizan lentamente,
bajo una lluvia incesante de alcohol.

Me maldigo en mis oraciones cada noche
y sueño que sueño que todo se acaba.
Dejo en la mesilla dos monedas sucias;
que venga el barquero a llevarme en su barca.

Pero sale el sol muy temprano taladrando
los agujeros sucios de la descolgada persiana,
y me ciega, me despierta y me tira de la cama,
me susurra…Ootro día… ¡Vive que se escapa!

Me maldigo en mis oraciones cada noche y
sueño que sueño que todo se acaba,
Dejo en la mesilla dos monedas sucias;
que venga el barquero a llevarme en su barca.

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