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Vuelve

espejo

Hace tiempo que el frío
se ha quedado a vivir conmigo.
Se ha acomodado en mis huesos
secos y carcomidos.

Hace meses que me rompí.
Sólo escuchaste el silencio.
Ni los trozos sonaron
al golpear el suelo.

No te sobresaltó
el hueco vacío de
mis latidos,
ni el repentino sonido
de el motor del frigorífico.

Hace tiempo que sigo
sobre la misma baldosa
inmóvil, mirando al mar.
Sólo espero
no verte aparecer
de nuevo,
nunca más.

Simplemente es eso.
No necesito tu piel
sobre mis días,
ni tus cabellos
perfilando los sueños.

No preciso de tu cielo.
Sólo es eso.
Urge que vuelvas.

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Veinte céntimos en el aire

Me ha explotado en la cara
esta mañana la sociedad,
basura a la cual me siento unido,
como un navío anclado al alquitrán.

Era uno más en la acera,
típica estampa, mano y cartón,
“sin techo, sin familia, sin nada”
con la mirada perdida, como yo.

Pero sus ojos eran tan azules,
y su frente tan arrugada
que traspasó mi ropa, mis huesos…
Congeló la sangre de mis entrañas.

Supe que un día, había sido niño,
con sus zapatos sucios,
canicas, cromos y caramelos.
Quería crecer,
quería ser piloto…
Tenía como yo, tus sueños.

Ya no merece ni la sonrisa,
ni tan siquiera la mirada.
Él, que tuvo familia, amigos,
de todo, ya le queda nada.

Y desde su acera pasa la gente,
pasan personas, las horas eternas,
con su mirada inerte, sin sueños,
algunos confusos, echamos monedas.

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Annabel

Ausente el tiempo de su prisa,
me acobarda el vértigo en el suelo,
con ambos pies pisando firme,
con las manos tan lejos del cielo.

Me da miedo mi corazón silencioso,
cuando ciego, no asoma por la boca.
Me aburre el paso rítmico de los días,
la rutina, el no sentir la cuerda floja.

Quisiera ser tan jodidamente perfecto
como esta canción, que no deja de sonar,
sin otro pensamiento, que amar y ser amado,
como todos saben, en aquel reino junto al mar.

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Ala de gaviota

La lluvia de colores ha cesado,
el rojo, oculto entre la hierba,
los barcos, que ya no navegan,
condenados, sin vida sobre la tierra.

Sus remos anclados sacuden arena,
bajo una brisa de alas de gaviota,
murmura el río, bajo los coches,
yo mirando, como un idiota.

El miedo como si fuese hiedra
va anclando mis pies al suelo,
la lluvia lava mis manos.
Me ahogo en el charco
blanco del suelo.

Se refleja la luna en cada gota
que por la noche anida en mi ventana,
pero cae, precipitándose al granito
si la toco, si la beso, se me escapa.

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Una de ratones

Quizá no he seguido bien los pasos
acostumbrado a buscar lejos del camino,
siguiendo la derrota de cualquier mariposa
me despertaba la mañana, estando dormido.

A menudo me embriagó la madrugada,
perdido en alguna playa, sediento de amor,
borrando con mis pasos el rastro de las olas
con los ojos cegados por la puesta de sol.

Quise enseñarte que todo es eterno,
mostrarte las palabras, el sonido del mar,
cantarte cada noche, acariciarte el alma,
ratoncito Pérez, feliz navidad.

Pero hoy que zarpa este barco oxidado,
juro que ya no entiendo nada, sólo dolor,
el dolor de una lluvia de cristales cortantes
que recorren mi cuerpo en descomposición.

La vida me arroja de una patada lejos,
a comprarte los juguetes, la ropa y el pan,
me priva del aire, de los cuentos, tu risa,
me destierra del mundo, sin poderte cantar.

Las horas pasarán eternas, sin sentido,
me agotará el esfuerzo de pensar en respirar,
los días se harán racimos, formarán años,
morirá el ratón de los dientes.
Postal de navidad.

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Puzzle de Otoño

Cuando era pequeño no entendía,
el mundo era un lugar muy extraño,
con los pies descalzos, sobre la tierra,
nunca me sentí superior a los gusanos.

Llueve ya cada día y la humedad,
tiñe de sepia las hojas muertas del cuaderno,
las canciones que ya no suenan con “repeat”,
el puzle guardado que ya nunca será nuestro.

Mi museo de palabras para ti,
las hormigas en hilera por el suelo,
las melodías colgando de las lámparas,
los vasos llenos de silencio…

Y aún recuerdo no hace mucho,
unos días antes de esta eternidad,
la sangre corriendo por cubierta,
el aire, el sexo, el olor de la libertad.

Y ahora el tiempo me ha disfrazado de viejo
me ha robado con los inviernos mi cabellera,
ha arrugado mis sueños, secado mi cara
como una tormenta, ha sesgado mis velas.

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Africa

No pude cortar la hemorragia de lágrimas,
que noche tras noche golpeaba mi almohada,
la batalla con las sábanas del sueño,
el olor a tabaco en la ropa mojada.

La rebelión de los platos sucios,
vasos rotos, restos y cucharas,
cansados de un descanso eterno,
sin lavar, como la ropa recién planchada.

Las manos tras una cara de cera,
escondiendo el poder de una mirada
gris, opaca, mostrando la verdad,
de los que juzgan sin saber de nada.

Café recién hecho, antes de ayer,
tres días antes de mañana,
con retraso parte el tren de la vida,
a cualquier lugar, a cualquier parada.

Y volé en un barco aquella tarde,
flotaba el miedo sobre el mar
los recuerdos no subían a bordo,
en la boca, sopa de cristal.

Por las noches en el camarote
hierve la vida en una cuchara,
las pupilas se amotinan nerviosas
contra unos ojos que ya no ven nada.

Las sombras recorren la madera,
teca olorosa del norte de África,
noches mirando en silencio al estrecho
fumando sueños, bajo un cielo plata.

Y amanece un nuevo día soleado,
con una aguja clavada en la vela,
el salitre seco ya en la boca,
en el horizonte, azul y canela.

Las olas del mar me borraron la sonrisa,
secaron las lágrimas dulces de mis ojos,
llenaron de surcos mi piel de niño malo,
enredaron mi pelo, mis sueños, todo.

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Pelos

Amaneció tarde esta extraña mañana,
resbala la lluvia por los rayos del sol,
arden las almas en las tabernas,
en la iglesia no para ni Dios.

Guardé todos los sueños húmedos,
las noches que no deshiciste mi colchón,
las lágrimas de cuando no te quería,
los cercos de saliva de tu corazón.

Paso a paso bajo por la fachada,
con los pies firmes en las nubes
y la cabeza hundida en el suelo,
sólo entre tanta gente,
sólo.. pidiendo ayuda con silencio.

Desgasto las manos contra las olas
que golpean cargadas de recuerdos,
vomito como un gato callejero,
una mezcla de letras, lágrimas y pelos.

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Aroma

A fuerza de sentirte en los rincones,
de encontrarte donde nunca estás,
de arrancarme la piel al recordarte
olvidándome hasta de no olvidar.

Colgado cada noche de la luna,
viendo el reflejo del viento sobre el mar,
estrellas que mueren, brillos que nacen,
escuchando la arena, susurrando soledad…

El aroma de tu cuerpo
se me escapa entre los dedos,
el sabor de tu desnudo
Me acuchilla.
Te echo tanto de menos.

Qué te hubiera dicho si hoy fuera ayer,
cuántas veces sin más te habría besado,
cambiaría cada paso, cada noche mal dormida
vendería el alma para tenerte a mi lado.

 

 

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Gusanos

Llegué tarde a su cama esa mañana,
me recriminó que hubiese salido el sol,
que la luna se marchase con resaca,
que no detuviese el paso del reloj.

Que las nubes dejasen sombras por el suelo,
las margaritas muertas, regadas con alcohol
la ropa intacta sobre su cuerpo desnudo,
que delante del espejo, sólo estuviese yo.

El portazo que no sonó al marcharme,
el salto al vacío por el hueco del ascensor,
las marcas de los neumáticos en su garaje,
las huellas de un carmín que no besó.

Rodando por la acera bajo la lluvia,
miedo, frío, vértigo y gusanos negros,
farolas que proyectan contra los charcos
el hundimiento de todos mis sueños.

Y busco un rincón donde sentarme y gritar,
golpeando las sombras que amenazan estrellas,
apago los brillos vaciando los mares oscuros
que brotan cada vez que pienso en ella.

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Autopista

Con el pasado amenazando lluvia
paseo descalzo por la autopista,
perpendicular a la línea continua.
Las manos en los bolsillos, sin prisa.

No tengo apuro por llegar,
el futuro ya no me espera.
Perdí los amigos, las llaves,
tu foto y la cartera.

La cabeza entre los hombros,
de frente mirando atrás,
un manojo de recuerdos,
de postales y de mierdas.

Sin tiempo para querer perder
y más de mil horas que ganar,
debajo de las suelas de mis pies,
sólo queda sucio el alquitrán.

Y vuelvo a donde todo vale nada,
donde los piratas sólo saben beber,
país de canallas, lunas y borrachos,
de tinieblas grises, sin amanecer.

Donde los creyentes pierden la fe
y se cierra con llave cada puerta,
donde las letras batallan en los vasos,
y la poesía es para poetas de mierda.

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Cartón

Un monstruo de cientos de cabezas,
un rebaño absurdo sin rumbo ni pastor,
que mira de frente dando la espalda,
una botella de whisky sin alcohol.

Miradas perdidas se pasean
tras unos ojos que miran sin ver.
Caracoles con cientos de patas
reptando desnudos como ciempiés.

Putas vendiendo el primer amor,
con ropa sobre un colchón oxidado,
por noches llorando perdidas
entre drogas y besos amargos.

Heroína al galope por tus venas,
con diecisiete años ya eres mayor,
inviertes lo que sacas robando,
en un pinchazo sucio de calor.

Esta noche hace frío, miras fuera,
ese borracho con la piel de cartón,
puta vida, piensas y con tus zapatillas,
los pies sobre la mesa del salón.

La luna tu lámpara de mesilla,
las estrellas tu habitación,
para dormir sin soñar que vives
soledad, miedo, inyección.

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Regalo

Regalo mi vida a quien la quiera,
sólo la tiene que venir a buscar,
no pido mucho, sólo el viaje,
camino sin retorno a cualquier lugar.

No llevaré conmigo ningún equipaje,
incluyo también mis botellas de ron,
la colección de fotos en las que no salgo,
un juego de cuerdas para una Les Paul.

Mi tesoro de cristales verdes con sal,
más de mil canciones sin derechos de autor,
las manchas del café, un juego de sábanas,
postales no enviadas de puestas de sol.

El sombrero de mojarme cuando llueve,
un paraguas de varillas para el rocío,
las botas de goma para la escarcha,
sandalias para caminar si hace frío.

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Caminando

Con las manos en los bolsillos
intento aprender a caminar,
con la mirada perdida en el suelo
por las calles de otra ciudad.

La luna moja mi pelo,
tu recuerdo me sabe a sal,
el viento me da patadas.
La verdad, me siento mal.

Quisiera morir de pena
en el techo de mi habitación,
tristes sombras de recuerdos,
esencias de dulce alcohol.

Acordes de un alma afilada
que lloran por tu amor,
acabando otra noche con mis huesos,
tirado borracho sobre el colchón

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Hierba mojada

Tumbado sobre la hierba mojada,
se derrumba el cielo sobre mí,
a patadas con las estrellas,
esquivando las ganas de vivir.

Mis ojos ya no cuentan nada,
mi boca cerrada no sabe leer,
mis oídos no sienten tus besos,
no te huelo desnuda en mi piel.

Un gato de piedra ladra a la luna,
cierro los ojos, las manos y recuerdo,
cuando la acariciaba toda la noche
dormida entre las palmas de mis sueños.

Paso la tarde masticando cristales,
entre el rocío, regado de alcohol,
pintura amarilla en los nudillos gastados,
desnudo, colgando del punto de inflexión.

He aprendido a llorar bajo la lluvia,
a respirar en tu pecho el mar,
a tirar piedras a la luna,
he aprendido todo lo que tengo que olvidar.

Las hojas de los libros se queman,
de las cenizas brotan las revoluciones,
del ayer un futuro sin hoy, ni mañana,
en las brasas quedan las canciones.

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Abur!

Me voy para no tener que irme,
con la cabeza baja sin mirar atrás,
dejando por el suelo las migas,
de un alma rota, para no regresar.

Me voy porque no quiero marcharme,
porque quiero quedarme una eternidad,
mirando al cielo, apagando estrellas
derramando el aire, bebiendo el mar.

Te dejo porque no puedo no mirarte,
pierdo toda ilusión ya por vivir,
escondo la cabeza como un cobarde,
me vuelvo inerte para no sentir.

Te dejo dormida sin querer dejarte,
mientras todo se rompe dentro de mí,
el aire se detiene bajo la luna,
se congela la sangre, se tiñe de gris.

Desaparezco para que hoy llorando,
no tengas que llorar un día sin fin,
para que no te duela mañana el pecho,
tanto, tanto como hoy me duele a mí.

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Fantasía I

Y llegó el otoño y me despierto cansado,
confuso y con un extraño olor a cera mezclada
con aceite y sudor, con la sensación de haber
estado soñando toda la noche, cautivo de un delirio
de amor. Fuera cantan los pájaros mientras
las primeras hojas marrones empiezan a descender
colgadas de la brisa hasta posarse sobre las
gotas de rocío, gotas que ayer noche se agrupaban
en mi espalda para formar un río de deseo
precipitándose hacia mis caderas, para ir
a morir a tu ombligo… Cierro los ojos e
intento volverme a dormir enredado en
recuerdos y olores intensos, me veo sobre
el universo, sin aire, con la respiración
entrecortada, buscando tu aliento, brisa
que me ata a la vida, me tiemblan los brazos,
inmóvil, paralizado observando el infinito
océano de tus ojos, lluvia de estrellas,
cometas y soles explotando, todo, me siento como
un dios abrazado al universo, sintiendo su grandeza
su energía en expansión, golpeándome el pecho y
llegándome a detener el corazón por un instante.
La melodía se inflama en contacto con las velas
y como si de fuegos artificiales se tratase se
desintegra sobre nuestros cuerpos desnudos,
calando hasta los huesos, empapando el colchón
de colores armoniosos, me dejo caer y deseo no
volverme a despertar….

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Trébol

Telas de araña en el firmamento,
colchones sucios, destrozados,
restos de calor en las paredes,
cristales rotos, ensangrentados.

Vertical, observo el horizonte
tras las cortinas de los días,
amenazante como las rutinas
desafiante como tu sonrisa.

Mi futuro carcomido me espera
en el fondo de un pozo negro,
infinito como un laberinto,
sin Alicia, ni hadas ni conejos.

Deshojo tréboles de tres hojas,
empiezo siempre en “no me quiere”.
La esperanza perdida hace tiempo.
A veces la vida es vida, duele.

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Azulejos

Desnudo, vacío frente al espejo
llorando, temblando ojeroso.
Un manojo de piel y de huesos.

Destrozo de un golpe de puño
ese maldito y transparente reflejo,
cristales, sangre y pasta de dientes,
cuchillas, recuerdos, astillas, pelos.

Con las manos ensangrentadas,
de rodillas en el techo,
ruedan lágrimas por los azulejos,
telarañas recorren mi pecho.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

Dejo pasar la vida entera,
apático, borracho y taciturno
discuto cada noche con mi alma,
le pego, la encierro, la insulto.

Pierdo todo lo que gano,
y lo que gano no vale de nada,
y otra vez vuelta a la rueda,
y otra vez como alma en pena.

Como un perro abandonado sin dueño,
un saco viejo lleno de recuerdos,
aullando cada noche a las estrellas,
recordando cuando la vida eran huesos.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

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Irreal

Hay días en los que pienso… ¿eso quiere decir que hay otros en los que no? Puede ser….. Resulta que estoy leyendo un libro de Eduard Punset, el señor ese despeinado con acento que sale en la dos… “Redes”, un libro que se titula “El alma esta en el cerebro” y que ha costado 6 eurillos nada más….. con lo cual por muy poco que aporte habrá cumplido su misión.
Siempre he tenido la sensación de que los recuerdos que durante mi vida se han ido almacenando en mi cabeza no son diferentes a los que me he inventado yo, o que me han hecho grabar, historias, cuentos, momentos que yo no he vivido pero que puedo recordar con detalles asombrosos. En el momento en que los busco entre los surcos de mi cerebro y los rescato tienen la misma intensidad… reales o soñados, no difieren…. Solo una parte desconocida les pone la etiqueta de “real” o “ficticio” sin esas pegatinas serían igual de válidos.
Pues resulta que esta idea absurda quizá, fruto de mucho tiempo libre o de exceso de riego viene reflejada en este libro, curioso….. hay más gente con este tipo de inquietudes….
¿Qué conclusión saco de esto? Que soñar es precioso, soñar despierto por supuesto… ser conscientes de que estamos soñando para así recordarlo (raras veces recordamos los sueños que nos llueven cuando dormimos… y menos los de carácter sexual para nuestra frustración) Fantasía, Imaginación duendes y princesas que se convierten en ranas… cuentos de hadas, vampiros y demás seres se han memorizado, sentaditos ahí en el coco junto con los recuerdos de la primera novia, del primer día de colegio o de la primera ostia al descubrir que la gravedad acelera a los niños que corren pendiente abajo sin control hasta hacerlos dejarse las palmas de las manos en la gravilla..…… Todos son igual de reales en nuestro interior, tonos nos arañan un poquito el corazón, nos erizan el bello y nos hacen arrojar una mueca de alegría… así que todos a soñar, en cuanto abramos los ojos cada mañana comienza la fantasía de vivir soñando … quizá un día nos quedemos sin etiquetas de “irreal”.

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Miedo

Aparcado en la cantera de madrugada,
yacen muertas las piedras oxidadas,
la lluvia arranca con caricias las huellas,
por las manos de algún poeta maltrechas.

Se desborda en mis pupilas el mar,
acaricio mis sueños aun despierto,
me aferro a la mentira de que aun estás,
me aferro a la mentira de que no estoy muerto.

Apenas se escucha el silencio,
llueven estrellas a mis pies,
hace frio, cristales por el aire…
Temblando de rodillas, sin saber.

Recuerdo el olor de tu habitación,
las canciones mezcladas con el miedo,
el alcohol, las miradas congeladas.
Unas cuerdas que me ataban al deseo.

La sangre al galope por el pecho,
los ojos cerrados para poder ver.
Deseando que no volara el tiempo.
Sintiendo que sobra hasta la piel.

Un latido me separa de la vida,
un segundo eterno, contra reloj,
una soga colgando de una viga
Todo oscuro, miedo… Sólo yo.

Temblando de puntillas sobre el mundo,
los dedos acarician desnudos el tablón,
temor mezclado con lágrimas, recuerdos…
Un saltito hacia mi última erección.

La respiración se acorta, se detiene,
acaricio con mis ojos el firmamento,
las pupilas buscan entre la penumbra,
en el vacío, tú, mi último recuerdo.

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Dos monedas

Ya noto como no funciona nada,
como a cada latido detengo un reloj,
estallan la palabras en mi cabeza,
poco a poco pierdo el control.

Las olas golpean mis castillos de naipes,
las arenas movedizas cubren mis pies,
las flores que no riego agonizan lentamente,
bajo una lluvia incesante de alcohol.

Me maldigo en mis oraciones cada noche
y sueño que sueño que todo se acaba.
Dejo en la mesilla dos monedas sucias;
que venga el barquero a llevarme en su barca.

Pero sale el sol muy temprano taladrando
los agujeros sucios de la descolgada persiana,
y me ciega, me despierta y me tira de la cama,
me susurra…Ootro día… ¡Vive que se escapa!

Me maldigo en mis oraciones cada noche y
sueño que sueño que todo se acaba,
Dejo en la mesilla dos monedas sucias;
que venga el barquero a llevarme en su barca.

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