Archivo de la etiqueta: amor

Postal de Eroski

Postal de Eroski

Hace días que te veo al pasar, no te miro,
se detiene la vida, el paso del tiempo,
se alborotan los semáforos, la puerta automática
se calientan las baldosas, sentado en el suelo.

Me imagino tu cuerpo danzando en la cama,
al ritmo de la paz, de tener cuatro paredes,
cortinas, alfombra, agua caliente,
me imagino tumbado y olvido mi suerte.

No te miro a los ojos, y deseo que no me veas,
bajo el sombrero y aprieto los dientes,
encojo las piernas y escondo las manos.
No tengo nada que poder ofrecerte.

Yo que solo soy un náufrago de las aceras,
que no poseo mas que el sonido del viento,
una lata de atún donde dormir monedas,
una maraña de sueños vomitados en el suelo.

Un rincón frío en la casa de empeño
entre lágrimas, arcadas y vergüenza,
donde permanece hipotecado mi pasado
flotando en las latas de cerveza.

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Postal de Tamarindo

Postal de Tamarindo

Postal de Tamarindo

Se fue una mañana cualquiera de invierno.
Yo preparaba el desayuno en la cocina.
Llenó una maleta de pasado y de preguntas,
con el alma en vilo y su eterna sonrisa.

Ella cruzó las piernas y los mares,
cansada de desdibujarse entre los días,
del mismo espejo, de la misma lluvia
Yo miraba las olas, desde la orilla.

Perdió la cuenta de las veces,
momentos en los que se busca, todavía,
del inquietante goteo del tiempo,
de las veces que el sol no brilla.

A cada paso el cielo huye del mar,
el horizonte, esa línea continua,
Tamarindo, una playa del mundo,
escondía la respuesta: pura vida.

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Gris granito

Ahora que llueve cada día
y no consigo ver el sol,
me pierdo sin una sonrisa,
a menudo no sé quién soy.

Exiliado en esta acera,
observo el infinito
parpadeo de las estrellas,
sobre un suelo gris granito.

Quizá porque no existes
te sueño cada mañana
entre las sábanas de cartón.
Algodón y mermelada.

Se mezclan el olor del café,
el aroma entre mis dedos
de los besos que he sembrado
entre tus muslos y tus pechos.

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San Telmo Buenos Aires

Después…
Después llegó la noche, su silencio,
la comida rápida, las pupilas,
el sendero sinuoso del deseo
serpenteante, laberinto sin salida.

El pelo enredado con salitre,
restos de arena, besos y caricias.
Un sol, amante de la luna,
una noche, dada por perdida.

Se ha formado un río en tu barrio,
calle abajo ruedan las hojas del abedul,
navegan entre las ruedas de los coches.
Me pregunto qué estarás haciendo tú.

Rebusco en el cajón de la cocina,
entre abrelatas y corchos de champan
buscando las cerillas del viaje,
¿recuerdas? las postales de ultramar.

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Conjugando

Un latido en el aire,
siete en la palma de mi mano,
el miedo, acariciando la roca
mi mar, la calma.
Colgado.

La luna posada sobre la mesa,
en la terraza, una silla tiritando,
pollo, chile, dos cervezas,
miradas, calcetines…
Destrepando.

Catorce latidos escondidos,
más de treinta…
Treinta y tantos…
Al galope, por las escaleras,
sin riendas, a oscuras.
Gateando.

Todo lleno de latidos,
las sábanas,
tu cuerpo entre mis brazos,
el aire, las paredes,
tus sabores, las palabras,
la realidad…
Conjugando.

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Sin Ver

Hace mucho tiempo,
un par de días después de ayer,
unas colillas en el suelo.
Mi cabeza del revés.

Huellas de alguien que nunca estuvo,
restos de lo que tampoco fue
botellas en las esquinas.
Perfume de mujer…

Los bolsillos llenos de arena,
sucias las plantas de los pies
las manos muertas, desnudas.
Los ojos cerrados… Sin ver.

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