Archivo de la etiqueta: alma poema

Mosquitos

Me quedé a vivir
aquella primavera
entre sus muslos.
Bebí de su piel
hasta ahogar mis sueños.

Me olvidé del mar
y del viento.
Me olvidé de pasado
y el azahar.

Bebí su alma
hasta fundirla
con mi sangre
y desde ese día,
ya no busco despertar.

Me quedé
dando caza a sus mosquitos
observándola dormir
en paz,
desnuda sobre las sabanas
de seda,
sentado ante la ventana,
dejando la vida pasar.

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Al norte

Puedo jugar dentro de una jaula,
cantar, comer, revolotear
puedo adorar el sol entre las rejas
mirar la cortina, fingir felicidad.

Se que me encontraste muerto
no te equivoques esta vez,
no eres dueño de mi aliento,
solo yo hago este esfuerzo.

Hago latir mi alma,
ocupo el hueco del corazón,
lleno mis pulmones de aire,
finjo una placida respiración.

Pero cada noche planeo mi huida,
reviso cada uno de los barrotes,
cuento el batir de las alas
que me llevarán otra vez al norte.

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Tic Tac

Suena el despertador.
Lleva sonando ya once minutos.
No lo apago.
No me muevo.
No me molesta.

Creo que fuera llueve.
Quizá brille el sol.
No me asomo.
No me muevo.
No me importa.

Miro mis pies en la ducha.
No proyectan sombras.
No sale agua del grifo.
No lo he abierto.
No me mojo.
Media hora.

Se hiela el café en la mesa.
No me gusta.
No le he puesto azúcar.
Lo remuevo apoyado en la nevera.
Cierro los ojos.
Miro mis manos limpias.
Vaya mierda.

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Una de ratones

Quizá no he seguido bien los pasos
acostumbrado a buscar lejos del camino,
siguiendo la derrota de cualquier mariposa
me despertaba la mañana, estando dormido.

A menudo me embriagó la madrugada,
perdido en alguna playa, sediento de amor,
borrando con mis pasos el rastro de las olas
con los ojos cegados por la puesta de sol.

Quise enseñarte que todo es eterno,
mostrarte las palabras, el sonido del mar,
cantarte cada noche, acariciarte el alma,
ratoncito Pérez, feliz navidad.

Pero hoy que zarpa este barco oxidado,
juro que ya no entiendo nada, sólo dolor,
el dolor de una lluvia de cristales cortantes
que recorren mi cuerpo en descomposición.

La vida me arroja de una patada lejos,
a comprarte los juguetes, la ropa y el pan,
me priva del aire, de los cuentos, tu risa,
me destierra del mundo, sin poderte cantar.

Las horas pasarán eternas, sin sentido,
me agotará el esfuerzo de pensar en respirar,
los días se harán racimos, formarán años,
morirá el ratón de los dientes.
Postal de navidad.

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Rastro

En este puesto del rastro,
vendiendo cd’s de los Doors,
camisetas de los Rolling,
pedazos rotos de corazón.

Liquido los sentimientos,
ya sólo me quedan cuatro,
el dolor, la rabia y la amargura,
la soledad pegada a mis zapatos.

No consigo ni regalarlos,
nadie los quiere llevar,
y otra vez en la maleta
a mi lado vuelven a viajar.

De madrugada, entre las paredes
lo que queda de mi casa,
en una esquina con ginebra
sólo flota, con hielo la resaca.

Y el techo se derrumba
como una noche de verano,
y sueño que te desnudo,
que duermo entre tus manos.

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Viento que en su murmullo parece hablar…

Se apagan las luces, silencio… las pupilas analizan una sombra colgada de un hilo, delgado, pálido, el pelo delante de la cara y mirando al suelo, sus ojos brillan extrañamente, tienen el color del que conoce su futuro más inmediato, el pasado más doloroso…. La guitarra colgada del cuello, frágil como una figura de cristal.
“Una décima de segundo…. vuela”…. ese instante separa el cielo del suelo es lo que esconde tras una bruma el horizonte, ese paso del segundero nos arranca del pecho un puñado de fibras, cruje, duele…Después no hay nada, después solo queda todo… todo por el suelo, mas silencio…nada.
Las telas de araña en las esquinas, las velas consumidas sobre una mesa cubierta de polvo,las cortinas pudriéndose, llaves oxidadas de cerraduras que nadie conoce .. la guitarra olvidada, carcomiéndose sus cuerdas sobre una cama llena de polillas y cenizas.
Ese chico triste y solitario se ha ido, ha dejado la vida en los escenarios, ha regalado su alma a cambio de nada, no ha escondido sus adicciones, sus dolores y sus puñaladas “dime que es mentira, todo un sueño tonto y no más” Ese genio de piel y huesos que colgando de un hilo, con la voz temblorosa y sin vida jamás soltó la guitarra por miedo a que dejase de sonar, de soñar …. “me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz”…. eso no pasará, tu voz nunca dejará de sonar, nunca dejaras de llenar os ojos de lágrimas, de taladrar almas de hacer sentir que la piel se pone como papel de lija … nunca dejaré de “remover el tiempo con un café, porque no hay nada mejor…”

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Sin Ver

Hace mucho tiempo,
un par de días después de ayer,
unas colillas en el suelo.
Mi cabeza del revés.

Huellas de alguien que nunca estuvo,
restos de lo que tampoco fue
botellas en las esquinas.
Perfume de mujer…

Los bolsillos llenos de arena,
sucias las plantas de los pies
las manos muertas, desnudas.
Los ojos cerrados… Sin ver.

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Hadas

Se aparecen en cualquier momento,
al doblar la esquina, en la avenida,
las puedes ver caminando por la playa
suelen ir desnudas y con sombrilla.

Las alas extendidas a los vientos,
incendiando el mar con solo rozar
los cabellos largos, infinitos,
sus ojos eternos, profundos…Volar.

Seguí sus huellas por la playa,
curioso de saborear su mirada.
La arena terminaba con dos tibias,
cruzadas a los pies de su cama.

Abrí los ojos y olía a cera.
Hachís, limón y tequila,
flores sexo, sombreros…
Colonia, deseo, su sombrilla.

Música horizontal de colores,
melodías desencadenadas,
sobraba el aire entre los cuerpos,
se detenía el tiempo de madrugada.

Me abracé a sus pechos desnudos,
naufragué borracho en su mirada,
me adentré como el veneno en su cuerpo,
besé cada centímetro de su cara.

Me rodeó ardiente con sus piernas,
en su habitación todo se inflamaba,
el aire se consumía con las velas,
entre nosotros todo palpitaba.

Pero ellas no pertenecen a este mundo,
los cuentos de hadas siempre se acaban
y queda un niño que ya no es tan niño
llorando cada noche abrazado a la nada.

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