Roto

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Esta mañana ha brillado el sol.
Apenas lo he visto diez minutos.
Quizá dos horas, pero sentí su calor
recorriendo el horizonte como un ave sin dueño.

Luego rompiste otra vez el espejo del baño,
de nuevo mil pedazos afilados danzando
y mi rostro salpicado de sangre,
roto por el suelo como un collage
de lágrimas azules.

No te gustaba ver mi rostro al despertar
cada mañana, sonriendo sin miedo
como un niño, ajeno al destino
bajo la maraña de pelo
donde habitan mis sueños.

Desde entonces me asusta mirarme,
las grietas me duelen como arrugas del tiempo,
tengo recelo de una mirada que ya no reconozco,
me miro, me observo y yo, no lo entiendo.

No comprendo las respuestas sin preguntas,
tampoco las miradas tras la puerta,
ni los gestos, ni tus manos, ni mi luna,
Ni esta guerra bajo una eterna sospecha.

 

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