Rastro

En este puesto del rastro,
vendiendo cd’s de los Doors,
camisetas de los Rolling,
pedazos rotos de corazón.

Liquido los sentimientos,
ya sólo me quedan cuatro,
el dolor, la rabia y la amargura,
la soledad pegada a mis zapatos.

No consigo ni regalarlos,
nadie los quiere llevar,
y otra vez en la maleta
a mi lado vuelven a viajar.

De madrugada, entre las paredes
lo que queda de mi casa,
en una esquina con ginebra
sólo flota, con hielo la resaca.

Y el techo se derrumba
como una noche de verano,
y sueño que te desnudo,
que duermo entre tus manos.

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