Postal de Gibraltar

Siento el calor de la arena entre mis dedos
mientras me acaricia el aire tibio del mar,
anclado con las manos a las piedras,
esta noche sin luna en Gibraltar.

Te escribo esta postal porque sopla lebeche
y entre sus olores se me apareció tu vientre,
tu pelo, tus manos, tus sabores…
la promesa de odiarnos para siempre.

Miento si digo que cumplí el juramento,
ni un solo instante abandonaste mi mente,
en cada puesta de sol, en cada estela,
cada noche, a la altura justa de mi frente.

No te imaginas cuanto te lloré,
lo que dolió tener mi vida abierta,
las lágrimas formaron cataratas,
cuanto llanto regando la cubierta.

Escondido tras esta piel gastada,
busqué la forma de que me odiases,
desdibujando lo que habíamos vivido,
me hice a la mar, sin olvidarte.

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