Amaneció tarde esta extraña mañana,
resbala la lluvia por los rayos del sol,
arden las almas en las tabernas,
en la iglesia no para ni Dios.

Guardé todos los sueños húmedos,
las noches que no deshiciste mi colchón,
las lágrimas de cuando no te quería,
los cercos de saliva de tu corazón.

Paso a paso bajo por la fachada,
con los pies firmes en las nubes
y la cabeza hundida en el suelo,
sólo entre tanta gente,
sólo.. pidiendo ayuda con silencio.

Desgasto las manos contra las olas
que golpean cargadas de recuerdos,
vomito como un gato callejero,
una mezcla de letras, lágrimas y pelos.

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