Ilustración de Arturo Domínguez

Ilustración de Arturo Domínguez

La luna nueva, enorme,
oscura brilla radiante en el cielo
pausado, sereno y tranquilo,
ronronea el lobo, como un perro.

Cristales flotan en el aire,
llueven muertas las estrellas,
el agua del río fluye transparente,
corriente arriba flotan las piedras.

Y amanece desterrado de los mares,
tumbado, borracho bajo la luna
con la escarcha quemándole la cara,
con el alma perdida entre la bruma.

Y la vida sólo es un recuerdo,
de rojos amaneceres infinitos,
de puestas de sol incandescentes,
de cada día siempre igual, distinto.

Sin bellas princesas a su lado,
se ha ido el viento de poniente,
se ha quedado sin brisa, a la deriva
abriendo botellas, fingiéndose alegre.

Cansado de buscar musas y sirenas
una noche de ron el viento roló este,
olas de recuerdos amargos, vacíos,
contra la costa lo arrojaron fuertemente.

El navío destrozado, contra las penas,
a la deriva navegan los despojos,
travesaños, palos, lonas y barriles,
botellas con mensajes, todos rotos.

Y amanece desterrado de los mares,
tumbado borracho bajo la luna,
con la escarcha quemándole la cara,
con el alma perdida entre la bruma.

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