Mosquitos

Me quedé a vivir
aquella primavera
entre sus muslos.
Bebí de su piel
hasta ahogar mis sueños.

Me olvidé del mar
y del viento.
Me olvidé de pasado
y el azahar.

Bebí su alma
hasta fundirla
con mi sangre
y desde ese día,
ya no busco despertar.

Me quedé
dando caza a sus mosquitos
observándola dormir
en paz,
desnuda sobre las sabanas
de seda,
sentado ante la ventana,
dejando la vida pasar.

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