Mira mis manos vacías,
¡cuenta! me sobran dedos
para enumerar con ambas
lo que queda de mis sueños.

Estas manos hoy ásperas
han naufragado entre tu pelo,
se han empapado de tu aroma,
han bebido de tu sexo.

Jugaron bajo la almohada,
danzando sin compás,
han besado más que mis labios,
navegaron por tu mar.

Mira mis manos desgarradas,
las mismas que te hacían volar,
manos que han rozado el cielo
y hoy no paran de sangrar.

Ahora las paredes vacías,
la sombra donde hubo color,
alcayatas huérfanas de padre,
flores buscando un jarrón.

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