Tumbado sobre la hierba mojada,
se derrumba el cielo sobre mí,
a patadas con las estrellas,
esquivando las ganas de vivir.

Mis ojos ya no cuentan nada,
mi boca cerrada no sabe leer,
mis oídos no sienten tus besos,
no te huelo desnuda en mi piel.

Un gato de piedra ladra a la luna,
cierro los ojos, las manos y recuerdo,
cuando la acariciaba toda la noche
dormida entre las palmas de mis sueños.

Paso la tarde masticando cristales,
entre el rocío, regado de alcohol,
pintura amarilla en los nudillos gastados,
desnudo, colgando del punto de inflexión.

He aprendido a llorar bajo la lluvia,
a respirar en tu pecho el mar,
a tirar piedras a la luna,
he aprendido todo lo que tengo que olvidar.

Las hojas de los libros se queman,
de las cenizas brotan las revoluciones,
del ayer un futuro sin hoy, ni mañana,
en las brasas quedan las canciones.

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