Había una vez

Había una vez

Había una vez

Un millón de años y la piedra sigue ahí.
Sentada ante mí, y yo esperando que me diga algo.
Un millón de años bajo el sol, mirando al mar,
esperando que algún día mi inocencia emerja de las aguas para,
en una ola, bañarme de nuevo.
No, yo tampoco he abierto la boca en todo este tiempo,
pero soy de esa clase de locos que no saben comportarse.
Quizá tengas razón; nunca supe madurar,
pero en mi hazaña de no perder la locura no hubo sitio
para tu sensatez…
tu madurez…
tu búsqueda de explicación
tus razones para todo.
Mi mundo es porque sí.
Una ola rompe y me salpica de fantasía.
Ya no recuerdo tu nombre ni mucho menos tu mirada.
Olvidé tu puta manía de colocar mis cosas
de ordenar y emparejar mis calcetines.
No has entendido mi camino, ni mis huellas.
Y ahora resulta que:
Había una vez… fin del cuento.

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