Escarcha

Cuando sus labios se separaron de mi boca
el tiempo se volvió cristal en su mirada.
Lágrimas brotaban de sus ojos temblorosos,
una fría cuchilla oxidada me acariciaba.

Las manos se abrieron sin vida
dejando caer al suelo la escarcha,
la habitación se volvía oscura y confusa.
El alma perdida, sin rumbo se precipitaba.

No hicieron falta palabras de despedida,
el agua salada por momentos me ahogaba,
siguiente paso, cruzar esa maldita puerta,
salir a la calle, olvidar que la amaba.

De rodillas en el ascensor, inerte,
solo dos pisos me separan del cielo
al que subí a dejarme la vida,
del que baje, directo al infierno.

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