Archivo de la categoría: Sí Riman

Escarcha y espuma

Sólo puedo ofrecerte mi pies
descalzos para siempre
y la piel,
escarchada de salitre.
Tu pelo sin brillo
y mis manos,
quemadas de sol.
No puedo prometerte lujos
ni comodidades,
ni siquiera seré capaz
de protegerte del frío.
No sé si existe fecha de retorno.
Realmente no sé si existe vuelta.
Te pondré en peligro
en más de una ocasión,
simplemente para mostrarte
los brillos del sol
sobre la espuma,
la canción que canta la luna
en la más radiante soledad.
El infinito más absoluto
sobre un cielo enmarañado de estrellas.
El mar en llamas al caer el día.
No existirá ni reloj, ni cumpleaños feliz.
Prometo guiarte por las ganas
y dejar de besarte cuando me hable el viento.

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Apenas un zapato

No sabía que apenas un zapato,
un solo zapato era suficiente
para mantenerte atada al suelo.

Solamente necesitaste que te soltara
los cordones de los tuyos para así
emprender el vuelo.

No mires atrás porque el pasado
puede ser atroz y las flores de la pasión
endulzan el canto de las vacas,
en ese lugar prohibido
para los cuerdos de atar
que buscan en el vuelo
de las libélulas, mensajes ocultos.

El mundo se detiene y mi presencia en el,
no resulta más que algo anecdótico.

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Coordenadas

Hace ya un día que te fuiste
pero me duele tanto como si fuese ayer
y aun sigue la luz del pasillo encendida
con mi cabeza apoyada en la pared.

Que daño me hace la humedad
cuando no es contigo,
cuando las paredes no sonríen
y las frases pierden su doble sentido.

Me duele ver que no ocupas
las mismas coordenadas que mi cuerpo
mientras observo como los segundos
se tornan infinitos
y la luz del pasillo sigue encendida
y sigo sentado en mi sitio.

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Luna y alfileres

luna

Yo supe que no debía seguir escribiendo un día de otoño,
en un bosque encantado,
cuando con el vuelo de tus pestañas paraste el tiempo.
Derramaste todas las nubes y las enredaste con tu pelo,
y supe también con el primer beso que moriría echándote de menos.
Y nos inventamos mil canciones,
y todas las plantas se volvieron venenosas
mientras llorabas en mi pecho y volaban pintadas las estrellas,
y encendimos mil ojos y lloraron las paredes lágrimas fluorescentes
y sentimos los alfileres, y sonó la despedida
enmudeciendo los cencerros, y deseo el cianuro
como deseo tu cuerpo y no existe un instante,
en que no echarte de menos.

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Semáforos

Semáforos

En días como los de hoy no me gusta nada.
No me gusta la obligación moral de crecer.
No me gusta saber que tras el color verde
vendrá el ámbar y luego el rojo.
Me asusta el deber impuesto de la razón
y el vuelo constante de aviones sobre mi cabeza.
No me gustan los pasos de cebra con gente esperando,
me resulta tan absurdo como los calcetines emparejados.
Añoro las tardes sobre la hierba esperando el momento,
los bocadillos de pan blanco con chocolate y mancharme la cara.
Limpiarme las manos al pantalón
y correr sin rumbo por las calles con los brazos por alas.
En mañanas tan insípidas como ésta me gustaría desenterrar
la caja de zapatos en la que quedó olvidada mi inocencia.
Quisiera mirar mis manos y verlas pequeñas de nuevo con
tanto por tocar.

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Desierto

Desierto v1 1

Te imagino de madrugada.
La cara recién lavada con agua,
peinándote ante el espejo roto.
Reflejos de luna y viento en tu pelo.

Con la ilusión del que empieza
un nuevo curso en Septiembre,
con los bolsillos llenos de arena.
Te observo limpiando los zapatos
gastados de tanto desierto.

Un último vistazo a la casa,
dos cromos en el bolsillo,
tres canicas y en tu mano
borradas las lineas del destino.

Pero el barco es de mentira
y las olas rompen el cristal,
naufragan los cromos contra las olas.
Se hunden tus zapatos en el mar.

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Sonidos interiores

 

Sonidos interiores @poetademierda
Sonidos interiores @poetademierda

 

No sé cuántos otoños
te busqué en el cielo.
A menudo perdí
la noción del verso.

Bebí agua del cristal
empañado de las ventanas
y después olvidé su sabor.

Escucho en el vuelo
de las moscas
las caricias de mis manos
sobre tu vientre ensangrentado.

Sé que no cumples años
y bailo al son del silencio.

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Veral

veral
Soñé que podía tocarla,
acariciar la luna de puntillas,
ser un punto de luz
flotando en el espacio.

Sonidos de la ciénaga
acallando los sentidos
soñé que podía hacerlo,
solo con pensarlo.

La vida me sucedía
en un instante,
bajo un cielo cubierto
de recuerdos.

Estrellas cruzando
el agua del estanque,
en este lugar prohibido
para los cuerdos.

Pasos verticales
entre las sombras,
danzando al ritmo
blanco del misterio.

Entre acordes de
un violín desbocado
empapando con su
llanto el silencio.

A deshora se desbordaba
el firmamento
y comenzaban a despeñarse
las estrellas.

y volvimos a nacer
para empaparnos de viento
abriendo los ojos..
Nos hicimos eternos.

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Amapola

Amapola

Esta mañana vomité mi vida
me deshice por la boca
mientras llovía.
Llovía mucho.

Toda esa lluvia
que no me había mojado
en los últimos cien años
se deslizaba por mi piel
tatuada de mar.

Llovía sobre la tinta,
ríos sobre mis cicatrices,
sobre tanto llanto escondido
tras una sonrisa falsa de libertad

No necesitó diez vidas
para agotar las 7 de gata
que aparentaba tener,
le sobró apenas media.

Como una amapola prematura
se quemó con el deshielo,
dejando solo un tallo marchito

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Salero de jabón

Salero de jabón

Se gastaron las pieles
de tanto rozar el cielo.
Se gastaron las mentiras
se llenaron de miedo.

Se terminó el agua
de las duchas compartidas.
Se terminó el jabón.
me lavó la sonrisa.

Se ha gastado el tiempo
se ha gastado la vida
se ha gastado este doble juego
ha terminado la partida.

Se acabó la sal del salero
con que untabas mis heridas,
cicatrizaron y ya no escuecen,
las curé con mi saliva.

Se esfumaron las ganas
de amanecer desnudo,
se esfumaron con el
viento frío y vagabundo.

Se rompió esta mañana
el reflejo de la luna,
se fue llevándose
las olas y la espuma.

Se borraron las sonrisas
de los espejos empañados
se desbordaron la lágrimas,
y empaparon mis manos.

Se me desbocó el corazón,
salió al galope
ahora danza libre
por las calles de la noche

Enmudecieron las canciones
se apagaron los acordes,
se rompieron la cuerdas,
olvidé todos tus nombres.

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Había una vez

Había una vez
Había una vez

Un millón de años y la piedra sigue ahí.
Sentada ante mí, y yo esperando que me diga algo.
Un millón de años bajo el sol, mirando al mar,
esperando que algún día mi inocencia emerja de las aguas para,
en una ola, bañarme de nuevo.
No, yo tampoco he abierto la boca en todo este tiempo,
pero soy de esa clase de locos que no saben comportarse.
Quizá tengas razón; nunca supe madurar,
pero en mi hazaña de no perder la locura no hubo sitio
para tu sensatez…
tu madurez…
tu búsqueda de explicación
tus razones para todo.
Mi mundo es porque sí.
Una ola rompe y me salpica de fantasía.
Ya no recuerdo tu nombre ni mucho menos tu mirada.
Olvidé tu puta manía de colocar mis cosas
de ordenar y emparejar mis calcetines.
No has entendido mi camino, ni mis huellas.
Y ahora resulta que:
Había una vez… fin del cuento.

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Pipas y óxido

huir

Tengo una taza
llena de besos,
una taza rota
que vino del mar.

Tengo el alma abierta
sobre una casa,
sobre una casa
oxidada de cristal.

Tengo una sonrisa
en el aire
y tengo también
miradas de postal.

Tengo tus ojos
perdidos en mis días,
y tengo heridas
que quiero curar.

Tengo mil olas
de cristales verdes
puestas de sol
y sabor a salitre.

Tengo, en fin,
un alma en venta
jugando con tu cuerpo
al escondite.

Tengo los bolsillos
llenos de pipas,
unas zapatillas rotas
llenas de cortes,

las manos sucias
de apagar estrellas
y tengo también
un corazón al galope.

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Caracolas

caracolas
me deje llevar

No sé del tiempo,
me deje llevar
mecido por las olas
abstraído con el mar.

Me olvide el reloj,
de las horas,
y de sus caminos
Me deje llevar.

Pasaron días
y el sonido de caracolas
anidó en mis oídos.
Y me encontré.

Dejé la playa
para notar
firmes mis pies.
Y me perdí

Paz en los sentidos,
la vida sin más.
Sin huellas en la arena
Sin aceras  ni alquitrán

Solo soy yo mismo,
yo mismo en cualquier lugar.
Sonido de caracolas
Me dejé llevar.

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Física año 96

Física 96

Grita en silencio mi alma
desde el suelo de la habitación.
No encuentro sentido a esta vida.
No existe ya ninguna solución.

Me hundo bajo el terrazo húmedo,
me ahogo sobre el frío colchón,
¿mi mundo? ya lo he perdido
¿nuestro mundo? en algún rincón.

Me siento ante cualquier ventana,
todo es lluvia a mi alrededor,
golpeo el suelo con mi alma,
con cada latido siento dolor.

Un colchón en el suelo,
no necesitábamos nada más,
era nuestro palacio perfecto
nuestro mundo de cristal.

Tu olor aún sigue en el aire,
todavía oigo tu voz,
para mi nunca te has ido,
para mi nunca hubo adiós.

Me he quedado colgado, solo,
solo en algún rincón
rodeado de humo y recuerdos
rodeado de sombras y dolor.

Quiero irme contigo
quiero morirme, mi amor
te prometí amor eterno,
necesito tu calor.

Quiero estar donde tú estás
abrazarte como siempre,
que me coman los gusanos
sentir que me abrazas fuerte.

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Free Falling

Caida libre
Caída libre

Solté trapo para huir del pasado
borré los besos y enterré las flores
me desenredé de carcomidos abrazos
poco a poco me olvidé de tus olores.

Dejé de medirme por los años cumplidos
adornando tartas con velas de colores
que apagaba soplando el alma
pidiendo deseos, cantando canciones.

Crucé todos los océanos y mares
para poder así alejarme de todo
pisando otras arenas,  volé  libre,
gasté mis zapatos, los llene de polvo.

Hice girones mi piel de chico malo
saltando al vacío en caída libre,
calles en las que no se mide el tiempo
ni se usan las manos cuando se vive.

En cada segundo congelo mil horas
y danza la brisa a su antojo en mi pelo
la sal recorre los recodos de mi cuerpo
sonrío mirando al cielo. Lo tengo todo.

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Papel

papeles

¿Cómo quieres que te conozca
si a menudo no reconozco
mi cuerpo ante el espejo?

Se ha despojado de la sonrisa,
ya no habitan los primeros besos
en los cauces de mis pliegues.

Se han marchitado las caricias
y amotinado los pelos.
Soy incapaz de sentir otras pieles.

¿Cómo llegas a mi
carente de tristeza
y pretendes de un portazo
descolgar los cuadros
en blanco y negro
de las paredes de mi casa?

¿No ves que no tiene pilares?
Es de papel.
Toda mi vida es de papel.

 

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Balada para un oso

oso peluche

Intento escribir entre las lágrimas
que humedecen esta noche mi papel.
Intento respirar bajo el aguacero,
de madrugada, cuando nadie me ve.

Busco refugio bajo las sábanas
con la mirada fija en la pared.
Lloro sobre mi saco de lágrimas:
un oso blanco de ojos color miel.

Sabe que hace tiempo que vivo de recuerdos,
algunos son de mañana, otros del ayer,
sabe que hace tiempo que mis pasos
no llevan el rumbo que trazan mis pies.

Sabe que he visto morir seres queridos,
que he perdido mis papeles; que te grité.
que llore de alegría al ver nacer un niño,
que me desperté mil veces y te busqué.

Le he contado que he visto el fondo del mar,
de lo bonito que es dormir en las montañas,
aquella historia de soñar bajo los puentes,
de noches perdido entre lunas, vino y faldas.

Pero este oso está lleno de penas y lágrimas
es el final del camino de noches en la ventana,
viendo avanzar el reloj tan en silencio
sin entender de qué va esta balada.

 

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Emelyn Story

Emelyn Story

Tardes de invierno a la sombra del tiempo,
caricias, susurros y sopa de besos.
Sus dedos recorren las venas de su brazo,
impulsos del amor, latidos de viento.

Ella limpia el sudor de su torso desnudo,
dulce veneno salado que une sus cuerpos
al compás de la luna, de la locura,
al ritmo absurdo que impone el universo.

Pero hay dolores que no cicatrizan,
hay guerras que se viven por dentro,
hay mil miradas que quedan vacías
cuando el alma de ella abandona el cuerpo.

Ahora golpea con los puños el mármol
dejando astillas con los huesos de sus manos.
Golpea todos los días contra la memoria
lavando con lágrimas rostros de su llanto.

Polvo de piedra inerte sobre sus cabellos,
arena de cuarzo en los surcos de dolor de su cara.
Ríos sin vida por donde fluía la sangre,
un desesperado golpeo desdibujando miradas.

Nace así un Ángel mientras muere de pena,
un Ángel caído sobres los restos de su amada,
con alas abatidas sin haber visto  el cielo.
Una mano tendida buscando abrazarla.

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Ebullición

ebullición

Arden las olas sobre los bancos
en este andén a la sombra de cielo
con trenes oxidados buscando barcos
sobre adoquines podridos de recuerdos.

Insurrección en las carreteras muertas
se arman de pasión las amapolas,
florecen las piedras en las cunetas
sobre restos de naufragios de farolas.

Me invente tus besos por falta de cariño,
busque debajo de la sombra de las piedras
un océano en donde ahogar los sueños de niño
busqué hasta en la luna cada primavera

Y solo encontré silencios congelados
puertas abiertas en casas vacías
caricias prepago sobre las aceras
el mar donde antaño nadaba una niña.

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Farolas y flores

Farolas y flores
Ahora que tengo tiempo de limpiar cristales,
de pasar la aspiradora y barrer la casa
de observarte sentada sobre la silla
mirando las nubes que pasan.

Ya no nos quedamos en la cama
ni los domingos de lluvia y resaca,
ni bajan los ríos por mi espalda,
ni empañas de deseo mis ventanas.

Resulta que no me creo nada
sucede que  sale el sol por la mañana
mientras la  luna se ríe de mis sueños
cada  amanecer si deshacer la cama.

Ahora que en pleno orgasmo
me preguntas si puse la lavadora.
Maldito reloj con el que mides
en esta esfera, nunca son horas.

Sonríen la puertas siempre abiertas
en este país de Alicia sin maravillas.
Alzo el vuelo y me siento libre
dejando mis besos sin dueño en la mesilla.

Mientras yo disfruto viendo volar farolas,
observando el rumbo de los árboles,
absorto en el diálogo de las flores.
Ya solo nos entendemos con palabras.

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Octubre

Octubre

He abierto los ojos y amenció 29 de octubre.
Otoño.
No hace frío, a pesar de que las hojas de los arboles caen
igual que cualquier otro 29 de octubre.
Hoy no es tu cumpleaños.

No puedo evitar deambular por la rareza de todo lo que pienso,
tampoco voy a describirlo, siempre es más fácil pestañear, y
mirar tras los cristales empañados como sonríen las gentes
en sus casas, con bombillas de luz cálida.

Si te soy sincero no tengo ni puñetera idea de los años que
no cumples, tampoco me importa. Es absurdo querer medir algo
que de por si es infinito como lo es el tiempo.

Tampoco me acuerdo más de ti hoy que ayer o que mañana.
Yo me acuerdo siempre.
Sería más fácil escribirte una carta de cumpleaños.

Por cierto, no me gusta el sabor de las castañas, ni el vino dulce
y me alegra ver las hojas secas amotinarse en las acera.

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3:30

hombre-anda-lluvia

Son ya las tres y media
de un lunes raro sin sol,
bostezo y rasco el cielo
escondido bajo el colchón

Sabes que amenazas con tu mirada,
afilada como los trazos de cristal
que antaño acariciaban mis venas
cuando la lluvia de lágrimas era el mar.

Lo pienso mil veces y no lo entiendo
deambulo ciego en busca de presas
por los bares del bulevar de la luna
pisando charcos secos y estrellas.

Hace horas que no reconozco las fachadas
embrujado con océanos de cerveza,
con besos que no saben a nada
dejando mis huellas sobre la acera.

Se trata solo de ir viviendo,
disfrutando el vuelo del aire,
sobre la danza incesante del tiempo,
coleccionando puñados de instantes.

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Postal de Eroski

Postal de Eroski

Hace días que te veo al pasar, no te miro,
se detiene la vida, el paso del tiempo,
se alborotan los semáforos, la puerta automática
se calientan las baldosas, sentado en el suelo.

Me imagino tu cuerpo danzando en la cama,
al ritmo de la paz, de tener cuatro paredes,
cortinas, alfombra, agua caliente,
me imagino tumbado y olvido mi suerte.

No te miro a los ojos, y deseo que no me veas,
bajo el sombrero y aprieto los dientes,
encojo las piernas y escondo las manos.
No tengo nada que poder ofrecerte.

Yo que solo soy un náufrago de las aceras,
que no poseo mas que el sonido del viento,
una lata de atún donde dormir monedas,
una maraña de sueños vomitados en el suelo.

Un rincón frío en la casa de empeño
entre lágrimas, arcadas y vergüenza,
donde permanece hipotecado mi pasado
flotando en las latas de cerveza.

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Roto

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Esta mañana ha brillado el sol.
Apenas lo he visto diez minutos.
Quizá dos horas, pero sentí su calor
recorriendo el horizonte como un ave sin dueño.

Luego rompiste otra vez el espejo del baño,
de nuevo mil pedazos afilados danzando
y mi rostro salpicado de sangre,
roto por el suelo como un collage
de lágrimas azules.

No te gustaba ver mi rostro al despertar
cada mañana, sonriendo sin miedo
como un niño, ajeno al destino
bajo la maraña de pelo
donde habitan mis sueños.

Desde entonces me asusta mirarme,
las grietas me duelen como arrugas del tiempo,
tengo recelo de una mirada que ya no reconozco,
me miro, me observo y yo, no lo entiendo.

No comprendo las respuestas sin preguntas,
tampoco las miradas tras la puerta,
ni los gestos, ni tus manos, ni mi luna,
Ni esta guerra bajo una eterna sospecha.

 

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Vuelve

espejo

Hace tiempo que el frío
se ha quedado a vivir conmigo.
Se ha acomodado en mis huesos
secos y carcomidos.

Hace meses que me rompí.
Sólo escuchaste el silencio.
Ni los trozos sonaron
al golpear el suelo.

No te sobresaltó
el hueco vacío de
mis latidos,
ni el repentino sonido
de el motor del frigorífico.

Hace tiempo que sigo
sobre la misma baldosa
inmóvil, mirando al mar.
Sólo espero
no verte aparecer
de nuevo,
nunca más.

Simplemente es eso.
No necesito tu piel
sobre mis días,
ni tus cabellos
perfilando los sueños.

No preciso de tu cielo.
Sólo es eso.
Urge que vuelvas.

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Ducha

ducha

Hay ciertos días de lluvia
en que aprieta fuerte el corazón,
lloran los cristales de la terraza,
y  mi alma ya no atiende a razón.

Son días de quedarse sentado,
enmudecer, enroscado en el salón,
abrir un libro y solo oir tus labios,
rozar mi barba con tu respiración.

Buscar el beso que surge de los ojos,
cuando muda la voz, pierde su presencia,
cerrar el alma y beber de tu boca,
sin prisa empaparme de tu esencia.

Hay días largos como meses
en los que solo queda habitar la ducha,
invertir horas en borrar tus huellas,
fundirlas con las lágrimas y la espuma.

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Mosquitos

Me quedé a vivir
aquella primavera
entre sus muslos.
Bebí de su piel
hasta ahogar mis sueños.

Me olvidé del mar
y del viento.
Me olvidé de pasado
y el azahar.

Bebí su alma
hasta fundirla
con mi sangre
y desde ese día,
ya no busco despertar.

Me quedé
dando caza a sus mosquitos
observándola dormir
en paz,
desnuda sobre las sabanas
de seda,
sentado ante la ventana,
dejando la vida pasar.

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Senderos

El sol me ha despertado de un sueño.
Mi lado de la cama sigue vacío.
Hace días que busco en la almohada,
tu olor.

Tengo las manos rotas de limpias,
Tus dedos no tejen historias en mi pelo,
Se han borrado los senderos por mi piel.

En los espejos sigue tu cuerpo dibujado
como una foto.
Estiro la mano y acaricio el cristal,
acerco mi rostro y está frío.
Me dejo caer, en modo de espera.

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Desnudo

desnudo

Nací desnudo hace tiempo ya,
ajeno al algodón y al poliéster.
Nací natural.
Olía a vida, a llanto y a sed.

Descubrí desnudo el mar,
su dulce sabor a rebeldía y a sal.
La arena que posa en la playa.
Los tesoros verdes de cristal.

Desnudo me sorprendió mi primera luna,
las estrellas y sol.
desnudo descubrí el sexo,
las caricias, el sudor.

Desnudo me sentí desnudo,
ante tus ojos la primera vez.
Desnudo temblé de frío y miedo.
Quirófano número tres.

Y ahora que sigo desnudo,
sin bolsillos ni cosas que guardar.
Desnuda se acerca la muerte.
Mi último baño, fundido en el mar.

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Algeciras

Y lo cierto es que no sería capaz
de recordar cuanto tiempo llevaba allí
sentado observando las luces de la bahía.

La guitarra entre las piernas,
derramando arpegios
sobre la superficie oscura del mar,
salpicado de constelaciones,
ajeno al rumor del viento
sobre la arboladura.

Fundido todo en uno,
salitre, estrellas y el parpadeo
rítmico del Faro de punta Europa
como si todo formase parte
de un mismo ser,
indivisible.

Fue entonces cuando vi aparecer
tu silueta reflejada en
la campana del palo mayor.
La misma que avisa de tormenta,
de cambio de viento, de las horas.

Caminabas descalza sobre la teca de cubierta.
Tus piernas, bronceadas por los días
eternos de sol danzaban
bajo una falda blanca de lino,
deshilachada.

En tu mano una copa de vino,
oscuro como la sangre
que siglos atrás teñía las aguas
sobre las que flotábamos
aquella noche de verano.

Mi giré para contemplar tus movimientos.
Mis ojos oscuros, recorrieron tus formas,
ya tumbada sobre la madera.
Tu pelo negro tejiendo redes,
tus hombros desnudos,
tu pecho al compás de la vida,
tus caderas…

Tus labios teñidos del vino
me cautivaron, apenas mil años.

Mirabas el cielo,
te sentía tan feliz,
tan en calma
que apenas podía hacer otra cosa
que ser, sin más.

Caminé lentamente todos los segundos
que me separaban de ti,
uno a uno
respirando profundamente tu aroma,
más intenso cuanto más próximo,
al igual que los latidos de mi corazón.

Podía oírlos.
Podía sentir como crujían
las tablas bajo mis pies.
Me arrodillé, vencido,
inclinándome sobre ti
descubrí el universo en tus ojos.
Vi cada una de las estrellas,
vi la luna, el sol los dioses…
Cerraste los ojos y te besé.
Me quede allí para siempre.
Siempre todavía.

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Postal de Tamarindo

Postal de Tamarindo

Postal de Tamarindo

Se fue una mañana cualquiera de invierno.
Yo preparaba el desayuno en la cocina.
Llenó una maleta de pasado y de preguntas,
con el alma en vilo y su eterna sonrisa.

Ella cruzó las piernas y los mares,
cansada de desdibujarse entre los días,
del mismo espejo, de la misma lluvia
Yo miraba las olas, desde la orilla.

Perdió la cuenta de las veces,
momentos en los que se busca, todavía,
del inquietante goteo del tiempo,
de las veces que el sol no brilla.

A cada paso el cielo huye del mar,
el horizonte, esa línea continua,
Tamarindo, una playa del mundo,
escondía la respuesta: pura vida.

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Agua dulce

Estuve desnudo esta madrugada,
apoyado en el palo mayor.
Pensaba en ti.

Te quise tanto… Tanto.
A pesar de las lágrimas saladas
realzando la heridas.

Desde que tu mirada detuvo
el tiempo en mis ojos,
calmando la sed de agua dulce.

Entre el vértigo y el temor,
con mil tormentas y susurros,
en cada huida, en mi soledad.

Inventé mil mares azules,
con playas color canela,
invente melodías de colores,
dibuje para siempre tu bandera.

Pensaba en ti desnudo,
como se piensa en soledad.

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Al norte

Puedo jugar dentro de una jaula,
cantar, comer, revolotear
puedo adorar el sol entre las rejas
mirar la cortina, fingir felicidad.

Se que me encontraste muerto
no te equivoques esta vez,
no eres dueño de mi aliento,
solo yo hago este esfuerzo.

Hago latir mi alma,
ocupo el hueco del corazón,
lleno mis pulmones de aire,
finjo una placida respiración.

Pero cada noche planeo mi huida,
reviso cada uno de los barrotes,
cuento el batir de las alas
que me llevarán otra vez al norte.

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Saliva

Sólo quiero tu cuerpo.
Sembrar mi saliva por tus pliegues,
recorrerte entera para poder olvidarte.

Quiero también arañarte los muslos,
que te duelan todas las heridas
cuando te sumerjas en el mar.

Que no puedas olvidarme,
entre el odio y el deseo,
en esa hora, ya sabes,
entre la vigilia y el sueño.

Es un momento, un lugar.
Solo quiero entremeterme en tus entrañas,
las veces que necesite.

Quiero que recuerdes este olor,
cada vez que sople el viento.
Quiero terminar sobre tus pechos,
apretarlos fuertemente,
y luego, desaparecer con el huracán.

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Una gaviota

Me miras impasible.
Te observo, absorto.
Respiras el aire de la mañana.
Contemplo ausente al mar…
Lo necesito.

Sabes que nunca seré de nadie,
mi pies arden en la ciudad.
Una gaviota me sigue con su mirada.
Es libre, no va a volver.

No quiero tierra firme,
ni más luces.
Recorro caminos del firmamento.
No quiero muros, ni dioses.

Cierro los ojos,
me siento en la luna,
Voy a volver a esos lugares,
en los que jamás estuve.

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Postal de Gibraltar

Siento el calor de la arena entre mis dedos
mientras me acaricia el aire tibio del mar,
anclado con las manos a las piedras,
esta noche sin luna en Gibraltar.

Te escribo esta postal porque sopla lebeche
y entre sus olores se me apareció tu vientre,
tu pelo, tus manos, tus sabores…
la promesa de odiarnos para siempre.

Miento si digo que cumplí el juramento,
ni un solo instante abandonaste mi mente,
en cada puesta de sol, en cada estela,
cada noche, a la altura justa de mi frente.

No te imaginas cuanto te lloré,
lo que dolió tener mi vida abierta,
las lágrimas formaron cataratas,
cuanto llanto regando la cubierta.

Escondido tras esta piel gastada,
busqué la forma de que me odiases,
desdibujando lo que habíamos vivido,
me hice a la mar, sin olvidarte.

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Gris granito

Ahora que llueve cada día
y no consigo ver el sol,
me pierdo sin una sonrisa,
a menudo no sé quién soy.

Exiliado en esta acera,
observo el infinito
parpadeo de las estrellas,
sobre un suelo gris granito.

Quizá porque no existes
te sueño cada mañana
entre las sábanas de cartón.
Algodón y mermelada.

Se mezclan el olor del café,
el aroma entre mis dedos
de los besos que he sembrado
entre tus muslos y tus pechos.

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San Telmo Buenos Aires

Después…
Después llegó la noche, su silencio,
la comida rápida, las pupilas,
el sendero sinuoso del deseo
serpenteante, laberinto sin salida.

El pelo enredado con salitre,
restos de arena, besos y caricias.
Un sol, amante de la luna,
una noche, dada por perdida.

Se ha formado un río en tu barrio,
calle abajo ruedan las hojas del abedul,
navegan entre las ruedas de los coches.
Me pregunto qué estarás haciendo tú.

Rebusco en el cajón de la cocina,
entre abrelatas y corchos de champan
buscando las cerillas del viaje,
¿recuerdas? las postales de ultramar.

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La soledad

Desde niño recuerdo aquella casa.
Siempre estuvo allí, ocupando su sitio,
inmóvil, como las fuentes de la plaza,
vacía… Carente de sentido.

Pero esa noche era distinta,
la puñalada de dos noches sin comer
en la mirada inocente de mi hijo,
mi desesperación, no saber qué hacer.

Sentí el frío del acero en la espalda,
comprendí que no había más tiempo,
ni más piel, ni más vida, ni más besos,
fuera del dominio infinito de tu cuerpo.

Ya nunca fui tu ratoncito Pérez,
ni calmé con caricias, tu dolor,
no se ni qué número calzas.
Que nunca seas, lo que soy.

Ahora pago por mis pecados,
sentenciado por el azar,
tan lejos de lo que amo…
Alejado de cualquier lugar.

Aquí dentro se consumen los segundos,
eternos bajo la sombra de tu ausencia,
sin sentido, como veo morir los días,
con los huesos, cumpliendo su condena.

El clima desnudo de estaciones,
no hay hojas secas, ni cielo.
No llueve, no crecen flores,
no nieva, siempre es invierno.

Por la noche araño los muros
soñando que acaricio el firmamento,
que te muestro tumbado sobre la hierba
las estrellas, la luna, el viento.

Tu foto, sobre la almohada.
Un instante. Mil recuerdos.
Cien lágrimas en silencio.
Silencio eterno.

Imagino que tengo la libertad,
respiro la brisa a través de las paredes,
lejos de la suciedad,
del destino pactado de todos los trenes.

Aquí los hombres no somos valientes,
Todos lloramos en la oscuridad,
se apagan las luces brota el recuerdo
y amenaza tormentos la soledad.

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Veinte céntimos en el aire

Me ha explotado en la cara
esta mañana la sociedad,
basura a la cual me siento unido,
como un navío anclado al alquitrán.

Era uno más en la acera,
típica estampa, mano y cartón,
“sin techo, sin familia, sin nada”
con la mirada perdida, como yo.

Pero sus ojos eran tan azules,
y su frente tan arrugada
que traspasó mi ropa, mis huesos…
Congeló la sangre de mis entrañas.

Supe que un día, había sido niño,
con sus zapatos sucios,
canicas, cromos y caramelos.
Quería crecer,
quería ser piloto…
Tenía como yo, tus sueños.

Ya no merece ni la sonrisa,
ni tan siquiera la mirada.
Él, que tuvo familia, amigos,
de todo, ya le queda nada.

Y desde su acera pasa la gente,
pasan personas, las horas eternas,
con su mirada inerte, sin sueños,
algunos confusos, echamos monedas.

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Comiendo pipas

Adivino que el tiempo
me irá disfrazando de viejo,
arrancándome el pelo,
tirándolo al mar…
cuarteando mis velas,
ahogando mis sueños.
Después de mi último día,
lo sé…
no vendrán más.

Y me siento en la roca,
mirando pasar las aves,
cierro los ojos,
miro hacia atrás…

“En un banco del parque,
comiendo pipas”.
Soñando los sueños
que ya nunca vendrán.

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Conjugando

Un latido en el aire,
siete en la palma de mi mano,
el miedo, acariciando la roca
mi mar, la calma.
Colgado.

La luna posada sobre la mesa,
en la terraza, una silla tiritando,
pollo, chile, dos cervezas,
miradas, calcetines…
Destrepando.

Catorce latidos escondidos,
más de treinta…
Treinta y tantos…
Al galope, por las escaleras,
sin riendas, a oscuras.
Gateando.

Todo lleno de latidos,
las sábanas,
tu cuerpo entre mis brazos,
el aire, las paredes,
tus sabores, las palabras,
la realidad…
Conjugando.

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Tango

Le he sacado la pila al reloj,
renuncio al paso del tiempo,
los latigazos de mi corazón,
las velas, los tangos, el viento.

Solo se escucha el murmullo
de un silencio, ensordecedor,
fuera estalla el universo,
llueven estrellas.
Solos tú y yo.

Recorro curioso tu cintura,
navego por el mapa de la piel,
me adentro suave en tu cuerpo,
siempre por primera vez.

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Annabel

Ausente el tiempo de su prisa,
me acobarda el vértigo en el suelo,
con ambos pies pisando firme,
con las manos tan lejos del cielo.

Me da miedo mi corazón silencioso,
cuando ciego, no asoma por la boca.
Me aburre el paso rítmico de los días,
la rutina, el no sentir la cuerda floja.

Quisiera ser tan jodidamente perfecto
como esta canción, que no deja de sonar,
sin otro pensamiento, que amar y ser amado,
como todos saben, en aquel reino junto al mar.

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Tic Tac

Suena el despertador.
Lleva sonando ya once minutos.
No lo apago.
No me muevo.
No me molesta.

Creo que fuera llueve.
Quizá brille el sol.
No me asomo.
No me muevo.
No me importa.

Miro mis pies en la ducha.
No proyectan sombras.
No sale agua del grifo.
No lo he abierto.
No me mojo.
Media hora.

Se hiela el café en la mesa.
No me gusta.
No le he puesto azúcar.
Lo remuevo apoyado en la nevera.
Cierro los ojos.
Miro mis manos limpias.
Vaya mierda.

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Ala de gaviota

La lluvia de colores ha cesado,
el rojo, oculto entre la hierba,
los barcos, que ya no navegan,
condenados, sin vida sobre la tierra.

Sus remos anclados sacuden arena,
bajo una brisa de alas de gaviota,
murmura el río, bajo los coches,
yo mirando, como un idiota.

El miedo como si fuese hiedra
va anclando mis pies al suelo,
la lluvia lava mis manos.
Me ahogo en el charco
blanco del suelo.

Se refleja la luna en cada gota
que por la noche anida en mi ventana,
pero cae, precipitándose al granito
si la toco, si la beso, se me escapa.

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Shhhh

Shhhh,
no agites el aire con tus parpados,
deja que se pose la brisa del mar,
shhh
no mires, no pienses, no me escuches,
solo siente…
siente sin más.

Shhhh,
escucha el viento rozando mi cabello,
la respiración de las gaviotas al volar,
Shhhh,
el chapotear de los rayos solares,
en su infinito y cálido salto mortal.

Shhhh,
Acaricia con las manos el cielo,
enreda tus dedos en las nubes,
Shhhh,
crea estrellas, constelaciones,
juega con los dioses, descubre…

Shhh,
Huele la madera que el sol calienta,
siente mis besos, su dulce sabor a sal,
Shhh,
deja que erice la piel de tus pechos desnudos,
deja que naufraguemos, una vez más.

Shhh,
Que vuelen las horas, el absurdo de los días
que me sorprenda la luna sobre tu piel, las cartas
Shhh,
trazando rumbos, derrotas, abatidas,
deja que trace sin compás, la ruta de mi vida.

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Una de ratones

Quizá no he seguido bien los pasos
acostumbrado a buscar lejos del camino,
siguiendo la derrota de cualquier mariposa
me despertaba la mañana, estando dormido.

A menudo me embriagó la madrugada,
perdido en alguna playa, sediento de amor,
borrando con mis pasos el rastro de las olas
con los ojos cegados por la puesta de sol.

Quise enseñarte que todo es eterno,
mostrarte las palabras, el sonido del mar,
cantarte cada noche, acariciarte el alma,
ratoncito Pérez, feliz navidad.

Pero hoy que zarpa este barco oxidado,
juro que ya no entiendo nada, sólo dolor,
el dolor de una lluvia de cristales cortantes
que recorren mi cuerpo en descomposición.

La vida me arroja de una patada lejos,
a comprarte los juguetes, la ropa y el pan,
me priva del aire, de los cuentos, tu risa,
me destierra del mundo, sin poderte cantar.

Las horas pasarán eternas, sin sentido,
me agotará el esfuerzo de pensar en respirar,
los días se harán racimos, formarán años,
morirá el ratón de los dientes.
Postal de navidad.

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Manos

Mira mis manos vacías,
¡cuenta! me sobran dedos
para enumerar con ambas
lo que queda de mis sueños.

Estas manos hoy ásperas
han naufragado entre tu pelo,
se han empapado de tu aroma,
han bebido de tu sexo.

Jugaron bajo la almohada,
danzando sin compás,
han besado más que mis labios,
navegaron por tu mar.

Mira mis manos desgarradas,
las mismas que te hacían volar,
manos que han rozado el cielo
y hoy no paran de sangrar.

Ahora las paredes vacías,
la sombra donde hubo color,
alcayatas huérfanas de padre,
flores buscando un jarrón.

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Postal de París

No sé ni cuantos días llevo así,
hay incluso quien opina
que perdí el sentido del camino,
¿yo? Como siempre… sentado aquí.
¿La diferencia? Qué ya no estás conmigo.

Ya este sofá no es el mismo,
ni las cortinas, ni los recuerdos de París,
ni la pintura, ni mis zapatillas destrozadas,
ni mi vida, ni este cuarto con la cama sin abrir.

Déjame que te cante esta madrugada,
mientras las huellas de tus maletas
aún humedecen el parquet,
la canción de las magdalenas caducadas,
de mis besos sin sentido,
de las pocas ganas de comer.

El soneto de quedarme despierto en la cama,
solo, de dormirme en el sofá,
de acariciar el mando de la tele,
de lo que jode el esfuerzo de respirar.

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Tormenta de verano

Ilustración de Arturo Domínguez
Ilustración de Arturo Domínguez

Me ha encontrado la madrugada,
agazapado entre mis recuerdos,
con la luz de la mesilla encendida,
como una estatua, mirando al techo.

Sopla el viento sobre la cubierta,
la lluvia golpea contra el suelo,
se empaña mi alma, aun dormida,
la tormenta se lleva los recuerdos.

He cruzado la bahía por la mañana,
observando curioso el horizonte,
recorriendo con la mirada la playa.
El mar se había llevado tu nombre.

Nos ha quemado la piel el verano,
noches luchando con no ver salir el sol,
maravilloso cabalgar de tus besos desnudos,
luchando contra el tiempo, siempre agotador.

Y después del estío las palabras en la mesilla,
la añoranza en este velero sin destino ni motor,
un terremoto fundiendo los sentidos,
tu recuerdo certificado cada mañana en mi buzón.

Ahora mi condena, al cerrar los ojos por las noches,
me acosan los recuerdos, el verde olor del mar,
las luces fluorescentes de los barcos a lo lejos,
la arena de la playa, los instantes de cristal.

Mientras tanto se amotinan los recuerdos,
ya solo quedan los escombros en el colchón,
nuestros pelos enlazados en la madera,
donde desnudos, nos sorprendió el amor.

Pasaba el tiempo sobre tu cabello,
barajaba las horas entre tus rizos,
susurraba cada noche en tus caderas
y el mundo era un lugar tan distinto.

He dejado en el puerto mis zapatos,
descubrí que no se mide el tiempo, a golpe de reloj
me he agarrado con toda mi fuerza al viento,
alzando el vuelo, con mis sueños por motor.

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Cartones

He secuestrado cartones de la basura,
esta noche, mi amor, no tendrás frío,
buscaré un portal con vistas a la vida,
te arrastrare al sueño, bebiendo vino.

No entiendo por qué no sopla la brisa,
ni el azote de las rocas contra el mar,
las gaviotas surcando los cielos,
los disparos de las lágrimas de pan.

Pasaran hoy miles de coches,
yo, sin vida, apoyado en la pared,
acariciando tu cabeza, roto el futuro
borracho, sin ya nada que perder.

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Puzzle de Otoño

Cuando era pequeño no entendía,
el mundo era un lugar muy extraño,
con los pies descalzos, sobre la tierra,
nunca me sentí superior a los gusanos.

Llueve ya cada día y la humedad,
tiñe de sepia las hojas muertas del cuaderno,
las canciones que ya no suenan con “repeat”,
el puzle guardado que ya nunca será nuestro.

Mi museo de palabras para ti,
las hormigas en hilera por el suelo,
las melodías colgando de las lámparas,
los vasos llenos de silencio…

Y aún recuerdo no hace mucho,
unos días antes de esta eternidad,
la sangre corriendo por cubierta,
el aire, el sexo, el olor de la libertad.

Y ahora el tiempo me ha disfrazado de viejo
me ha robado con los inviernos mi cabellera,
ha arrugado mis sueños, secado mi cara
como una tormenta, ha sesgado mis velas.

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Néctar

Ilustración de Arturo Domínguez
Ilustración de Arturo Domínguez

Hoy ha vuelto la lluvia,
y con ella las palabras,
los pies descalzos por la madera,
las canciones que no me cantas.

El café solo al despertar,
manchas de tinta en la almohada,
tostadas frías sin mantequilla,
los ojos vacíos tras la ventana.

Palomas de papel surcando
el cielo bajo la lluvia,
dirección a ninguna parte,
durmiendo en la basura.

Mariposas yaciendo inertes
en un estómago lleno de ron
hielo corriendo por mis venas
el silencio de una canción.

La dulzura de tus pétalos de limón,
que vierten su néctar en mis sueños
con los ojos rojos al despertar,
cada mañana, echándote de menos.

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Primavera

No vale la pena ya recordar
aquella primavera, sin flores,
grillos de porcelana cantando,
la avalancha de revoluciones.

Mariposas yaciendo inertes
en un estómago lleno de ron,
hielo corriendo por las venas,
el silencio de una canción.

Palomas de papel surcando
el cielo, bajo la lluvia,
dirección a ninguna parte,
durmiendo en la basura.

Lo absurda que es la vida
cuando no vale lo que pesa,
el paso de nubes lentamente,
la soledad, la luna, la certeza.

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Delirium

Me he despertado esta mañana
mirando al techo carcomido,
con los ojos de par en par.
El despertador aun dormido.

Recuerdo la arena por el suelo,
la habitación inflamada con tequila,
los pétalos de rosas sobre la cama,
las rodajas de limón, azul, mordidas.

El olor de las plumas de tu cuello,
las persianas amaneciendo por fin
el tacto de las puntas de tus dedos,
resbaladizos, con restos de hachís.

El sendero de la cera por el pasillo,
melodía de un haren por descubrir,
hadas, piedras verdes y sombreros,
ramos de golosinas, tangos de París.

El sexo, las lágrimas, la vida,
el miedo a punto de embarcar
la canciones que ya no suenan
el vacío del que se va…

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Africa

No pude cortar la hemorragia de lágrimas,
que noche tras noche golpeaba mi almohada,
la batalla con las sábanas del sueño,
el olor a tabaco en la ropa mojada.

La rebelión de los platos sucios,
vasos rotos, restos y cucharas,
cansados de un descanso eterno,
sin lavar, como la ropa recién planchada.

Las manos tras una cara de cera,
escondiendo el poder de una mirada
gris, opaca, mostrando la verdad,
de los que juzgan sin saber de nada.

Café recién hecho, antes de ayer,
tres días antes de mañana,
con retraso parte el tren de la vida,
a cualquier lugar, a cualquier parada.

Y volé en un barco aquella tarde,
flotaba el miedo sobre el mar
los recuerdos no subían a bordo,
en la boca, sopa de cristal.

Por las noches en el camarote
hierve la vida en una cuchara,
las pupilas se amotinan nerviosas
contra unos ojos que ya no ven nada.

Las sombras recorren la madera,
teca olorosa del norte de África,
noches mirando en silencio al estrecho
fumando sueños, bajo un cielo plata.

Y amanece un nuevo día soleado,
con una aguja clavada en la vela,
el salitre seco ya en la boca,
en el horizonte, azul y canela.

Las olas del mar me borraron la sonrisa,
secaron las lágrimas dulces de mis ojos,
llenaron de surcos mi piel de niño malo,
enredaron mi pelo, mis sueños, todo.

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A veces

Ilustración de Arturo Domínguez
Ilustración de Arturo Domínguez

Me he despertado solo, tal como me acosté,
con las manos llenas de restos de nada.
Me he lavado la cara con whisky,
dándome cuenta,
a veces, el tiempo pasa .

Mirando pasar el agua enroscada en espiral,
por el desagüe por donde los sueños perdidos,
vuelan libres en dirección al mar aliñados
con pasta de dientes y espuma de afeitar.

Rodando por mi cabeza,
golpeándose con los escombros,
desechos de los recuerdos apilados,
con canciones que ya no reconozco.

Asomado al espejo del cuarto de baño,
estropeado, raro, extraño, como esta casa,
el reflejo se arruga en torno a los ojos,
dándome cuenta,
a veces, el tiempo pasa.

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Pelos

Amaneció tarde esta extraña mañana,
resbala la lluvia por los rayos del sol,
arden las almas en las tabernas,
en la iglesia no para ni Dios.

Guardé todos los sueños húmedos,
las noches que no deshiciste mi colchón,
las lágrimas de cuando no te quería,
los cercos de saliva de tu corazón.

Paso a paso bajo por la fachada,
con los pies firmes en las nubes
y la cabeza hundida en el suelo,
sólo entre tanta gente,
sólo.. pidiendo ayuda con silencio.

Desgasto las manos contra las olas
que golpean cargadas de recuerdos,
vomito como un gato callejero,
una mezcla de letras, lágrimas y pelos.

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Aroma

A fuerza de sentirte en los rincones,
de encontrarte donde nunca estás,
de arrancarme la piel al recordarte
olvidándome hasta de no olvidar.

Colgado cada noche de la luna,
viendo el reflejo del viento sobre el mar,
estrellas que mueren, brillos que nacen,
escuchando la arena, susurrando soledad…

El aroma de tu cuerpo
se me escapa entre los dedos,
el sabor de tu desnudo
Me acuchilla.
Te echo tanto de menos.

Qué te hubiera dicho si hoy fuera ayer,
cuántas veces sin más te habría besado,
cambiaría cada paso, cada noche mal dormida
vendería el alma para tenerte a mi lado.

 

 

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Viento

Acostado sobre el viento
veo pasar una canción,
me mira, suspira y se va volando,
y yo me quedo, sobre el colchón.

Ya no me alcanzan los dedos,
apenas siento algún sabor.
La mirada, siempre tras un velo
¿Un cigarro? El doctor me dijo no.

No quiero hacer nada,
tu siempre estuviste aquí
al otro lado de la almohada
sonriendo, soñando… ahí.

Solo soy recuerdos,
arrugas, insomnio, dolor,
pelo blanco, noches en vela,
mirada perdida, desesperación.

Toda una vida no me ha llegado
decirte todo lo que te quiero decir,
amarte como siempre me has amado,
sentirme como me hacías sentir.

No te pondré flores amarillas,
no te lloraré, esta noche no,
ni gritaré, no me faltará la vida.
En un segundo, mi última canción.

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Gusanos

Llegué tarde a su cama esa mañana,
me recriminó que hubiese salido el sol,
que la luna se marchase con resaca,
que no detuviese el paso del reloj.

Que las nubes dejasen sombras por el suelo,
las margaritas muertas, regadas con alcohol
la ropa intacta sobre su cuerpo desnudo,
que delante del espejo, sólo estuviese yo.

El portazo que no sonó al marcharme,
el salto al vacío por el hueco del ascensor,
las marcas de los neumáticos en su garaje,
las huellas de un carmín que no besó.

Rodando por la acera bajo la lluvia,
miedo, frío, vértigo y gusanos negros,
farolas que proyectan contra los charcos
el hundimiento de todos mis sueños.

Y busco un rincón donde sentarme y gritar,
golpeando las sombras que amenazan estrellas,
apago los brillos vaciando los mares oscuros
que brotan cada vez que pienso en ella.

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Rastro

En este puesto del rastro,
vendiendo cd’s de los Doors,
camisetas de los Rolling,
pedazos rotos de corazón.

Liquido los sentimientos,
ya sólo me quedan cuatro,
el dolor, la rabia y la amargura,
la soledad pegada a mis zapatos.

No consigo ni regalarlos,
nadie los quiere llevar,
y otra vez en la maleta
a mi lado vuelven a viajar.

De madrugada, entre las paredes
lo que queda de mi casa,
en una esquina con ginebra
sólo flota, con hielo la resaca.

Y el techo se derrumba
como una noche de verano,
y sueño que te desnudo,
que duermo entre tus manos.

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Autopista

Con el pasado amenazando lluvia
paseo descalzo por la autopista,
perpendicular a la línea continua.
Las manos en los bolsillos, sin prisa.

No tengo apuro por llegar,
el futuro ya no me espera.
Perdí los amigos, las llaves,
tu foto y la cartera.

La cabeza entre los hombros,
de frente mirando atrás,
un manojo de recuerdos,
de postales y de mierdas.

Sin tiempo para querer perder
y más de mil horas que ganar,
debajo de las suelas de mis pies,
sólo queda sucio el alquitrán.

Y vuelvo a donde todo vale nada,
donde los piratas sólo saben beber,
país de canallas, lunas y borrachos,
de tinieblas grises, sin amanecer.

Donde los creyentes pierden la fe
y se cierra con llave cada puerta,
donde las letras batallan en los vasos,
y la poesía es para poetas de mierda.

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Niño

Quisiera volver a ser un niño.
Ganar con mi espada de madera
todas las batallas contra el sol.
Con la cara llena de chocolate,
las uñas negras y soñador.

Trepar por la pared del sueño
sin miedo como un domador
del circo, descubriendo la vida.
Con postillas y sin reloj.

Caer muerto sobre la hierba,
alcanzado por un disparo
de colores, de rayos cósmicos
lanzados desde un palo.

Jurar con saliva en la mano
que siempre estaré contigo,
que ni ser mayores hará
que dejes de ser mi amigo.

Sentir bajo una sábana
que estoy a salvo de todo
que los problemas se solucionan
llorando subido al colo.

Vivir cada día bajo la bandera
de la revolución de la imaginación.
Defendiendo a los indios de los vaqueros
mirando bajo la cama si hay un trol.

Soñando sueños de Plastidecor
purpurina y caramelos de fresa,
dormido con la inocencia en la cara,
deseando que vivir sea sorpresa.

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Cartón

Un monstruo de cientos de cabezas,
un rebaño absurdo sin rumbo ni pastor,
que mira de frente dando la espalda,
una botella de whisky sin alcohol.

Miradas perdidas se pasean
tras unos ojos que miran sin ver.
Caracoles con cientos de patas
reptando desnudos como ciempiés.

Putas vendiendo el primer amor,
con ropa sobre un colchón oxidado,
por noches llorando perdidas
entre drogas y besos amargos.

Heroína al galope por tus venas,
con diecisiete años ya eres mayor,
inviertes lo que sacas robando,
en un pinchazo sucio de calor.

Esta noche hace frío, miras fuera,
ese borracho con la piel de cartón,
puta vida, piensas y con tus zapatillas,
los pies sobre la mesa del salón.

La luna tu lámpara de mesilla,
las estrellas tu habitación,
para dormir sin soñar que vives
soledad, miedo, inyección.

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Regalo

Regalo mi vida a quien la quiera,
sólo la tiene que venir a buscar,
no pido mucho, sólo el viaje,
camino sin retorno a cualquier lugar.

No llevaré conmigo ningún equipaje,
incluyo también mis botellas de ron,
la colección de fotos en las que no salgo,
un juego de cuerdas para una Les Paul.

Mi tesoro de cristales verdes con sal,
más de mil canciones sin derechos de autor,
las manchas del café, un juego de sábanas,
postales no enviadas de puestas de sol.

El sombrero de mojarme cuando llueve,
un paraguas de varillas para el rocío,
las botas de goma para la escarcha,
sandalias para caminar si hace frío.

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Caminando

Con las manos en los bolsillos
intento aprender a caminar,
con la mirada perdida en el suelo
por las calles de otra ciudad.

La luna moja mi pelo,
tu recuerdo me sabe a sal,
el viento me da patadas.
La verdad, me siento mal.

Quisiera morir de pena
en el techo de mi habitación,
tristes sombras de recuerdos,
esencias de dulce alcohol.

Acordes de un alma afilada
que lloran por tu amor,
acabando otra noche con mis huesos,
tirado borracho sobre el colchón

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Huellas

El amanecer me despierta
borracho en una playa,
cubierto de la escarcha
de otra noche que se acaba.

Botellas de ron vacías,
colillas consumidas,
huellas sobre la arena.
Rastrojos de mi vida.

El sol ciega los recuerdos,
el mar como siempre amenaza,
los cuervos rebuscan en la basura,
¡Dios! ¡Tremenda resaca!

Las horas pasan y pienso…
Sueño y me duermo,
Abro los ojos y no distingo
si estoy viviendo o estoy muerto.

Los recuerdos cuelgan del techo,
en los cajones todo revuelto,
cabeza abajo como siempre,
no comprendo lo que ahora entiendo.

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Puto mundo loco

UN OSITO DE PELUCHE SUCIO RODEADO DE ESCOMBROS

La muerte devora a la vida,
la risa ya no brota de los ojos,
los sueños sepultados bajo escombros,
la miseria, el lujo de unos pocos.

Colecciones de peluches río abajo,
mar de sangre sin derecho a fluir,
dioses vagando, borrachos, sin rumbo,
cielos negros, día de lluvia sin fin.

Banderas en las fosas comunes,
buscando el mejor sitio en la foto
uniformes, medallas, sensacionalismo,
dinero negro, el problema es de otros.

Sentados a los pies del infierno,
niños a la fuerza dejando de crecer,
de la mano fría de papá cadáver,
abrazado a nada, sin comprender.

¿Por qué no me seca el llanto?
Tengo tanto miedo… ¿No me ve?
¿Por qué no hay comida? Tengo hambre
Tiemblo de frío, no sé qué hacer.

Han pasado ya dos días,
qué raro papá no se ha vuelto a despertar,
tengo tanto sueño que dormiría para siempre
me acuesto sobre una piedra, a esperar…

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Hierba mojada

Tumbado sobre la hierba mojada,
se derrumba el cielo sobre mí,
a patadas con las estrellas,
esquivando las ganas de vivir.

Mis ojos ya no cuentan nada,
mi boca cerrada no sabe leer,
mis oídos no sienten tus besos,
no te huelo desnuda en mi piel.

Un gato de piedra ladra a la luna,
cierro los ojos, las manos y recuerdo,
cuando la acariciaba toda la noche
dormida entre las palmas de mis sueños.

Paso la tarde masticando cristales,
entre el rocío, regado de alcohol,
pintura amarilla en los nudillos gastados,
desnudo, colgando del punto de inflexión.

He aprendido a llorar bajo la lluvia,
a respirar en tu pecho el mar,
a tirar piedras a la luna,
he aprendido todo lo que tengo que olvidar.

Las hojas de los libros se queman,
de las cenizas brotan las revoluciones,
del ayer un futuro sin hoy, ni mañana,
en las brasas quedan las canciones.

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Abur!

Me voy para no tener que irme,
con la cabeza baja sin mirar atrás,
dejando por el suelo las migas,
de un alma rota, para no regresar.

Me voy porque no quiero marcharme,
porque quiero quedarme una eternidad,
mirando al cielo, apagando estrellas
derramando el aire, bebiendo el mar.

Te dejo porque no puedo no mirarte,
pierdo toda ilusión ya por vivir,
escondo la cabeza como un cobarde,
me vuelvo inerte para no sentir.

Te dejo dormida sin querer dejarte,
mientras todo se rompe dentro de mí,
el aire se detiene bajo la luna,
se congela la sangre, se tiñe de gris.

Desaparezco para que hoy llorando,
no tengas que llorar un día sin fin,
para que no te duela mañana el pecho,
tanto, tanto como hoy me duele a mí.

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Excedencia (versión beta)

Quiero pedir una excedencia a la vida
para sentir que todo ya me da igual,
explotar en cien mil pedazos afilados
puzzle de cristales, pulidos por el mar.

Sentarme en la arena a contar estrellas,
hacer racimos con las olas al sol,
caer de espaldas con los brazos abiertos,
arrojar contra las piedras el puto reloj.

Que me echen borracho de todos los bares,
que sepan que no tengo intención de volver,
los grilletes no me secan la saliva amarga,
con mis palabras también puedo correr.

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Cera

Gota a gota se derrama el cielo,
azul y fría se vuelve la melodía,
óxido en los recuerdos del suelo.
La vida nerviosa se salta los días.

El aceite se vuelve oloroso, suave
como un espejo, el papel de lija
de mi piel escondida en el baúl,
donde guardo oculta la sonrisa.

Cera derretida sobre tu cuerpo,
sella los poros donde nace el río,
me arrastra flotando por tu cintura,
a la deriva, hasta caer dormido.

El tiempo atrapado en la mesilla,
colgando de la lámpara el destino,
la ropa como hormigas en hilera,
camino sin retorno en tu pasillo.

Escucho un eco que responde
al latir nervioso de mi corazón,
ritmo acelerado, al galope
recorriendo descalzo tu colchón.

Las ventanas empañadas con deseo,
el mundo fuera gira sin sentido,
en tu cuarto todo se inflama,
abrazado me siento cautivo.

La noche esta en mi contra,
ya no amo el negro infinito,
no le canto a la luna, a las estrellas…
No trasnocho cuando la necesito.

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Yo

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Mi mirada me acuchilla,
me miro y me destrozo,
No me atrevo a tocarme.
Me observo de reojo.

Estoy vacío por dentro,
sólo abismo en mis entrañas,
el aire corre por mis venas.
Podría regalarme, no valgo nada.

Más pequeño que la vida,
menos despierto cada mañana,
más borracho que bebido.
Más mentira que pirata.

Un despojo de mí mismo,
un principio que se acaba
un comienzo con puntos suspensivos.
Otro vencido sin batalla.

Asomado el cielo duerme,
todo en silencio esta madrugada,
el frío empaña mis sentidos.
Temblando tras la ventana.

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Barco de Papel

A la deriva navego en un barco de papel,
creado con hojas del diario del olvido,
las velas retales rasgados de mi piel,
cosidos con recuerdos, con sonidos.

Soy el capitán de mis sueños sin cumplir,
siempre del lado de las causas perdidas,
de los corazones sin dueño ni puerto,
de las almas naufragando a la deriva.

El capitán de todas mis pesadillas,
de las lunas despiertas, mal dormidas,
de las noches aullando a las estrellas,
de las canciones que quedan en la orilla.

Soy el capitán de esta piel pintada,
de las cicatrices que no niegan mi pasado
del dolor en el pecho cuando recuerdo
el triste sabor de un beso amargo.

La noche aparece tras la niebla,
solitario el barco se va empapando,
aparecen los fantasmas en la espuma,
las letras del diario se van borrando.

Se hunden los pies en el agua fría,
los recuerdos se quedan flotando,
las lágrimas ruedan cara arriba,
el capitán nunca abandona el barco.

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Trébol

Telas de araña en el firmamento,
colchones sucios, destrozados,
restos de calor en las paredes,
cristales rotos, ensangrentados.

Vertical, observo el horizonte
tras las cortinas de los días,
amenazante como las rutinas
desafiante como tu sonrisa.

Mi futuro carcomido me espera
en el fondo de un pozo negro,
infinito como un laberinto,
sin Alicia, ni hadas ni conejos.

Deshojo tréboles de tres hojas,
empiezo siempre en “no me quiere”.
La esperanza perdida hace tiempo.
A veces la vida es vida, duele.

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Una llave en el buzón

Te dejo en la mesilla
un cheque en blanco de cariño,
las llaves oxidadas del pasado,
un calendario sin días señalados,
la cartera y el tabaco.

La foto de las risas boca abajo,
los billetes del futuro más lejano,
tus zapatillas debajo de la cama,
la toalla sucia en el lavabo.

Mis huellas sin retorno en tu pasillo,
creo que todas las luces apagadas,
la cafetera lista, en el hornillo.
En la lista de la compra anoté mermelada.

Cierro la ventana, para que no tengas frío,
sepulto mi llave bajo las cartas de tu buzón,
abro la puerta que desata mi infierno,
me arrojo a la calle ,temblando sin respiración.

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Sin Ver

Hace mucho tiempo,
un par de días después de ayer,
unas colillas en el suelo.
Mi cabeza del revés.

Huellas de alguien que nunca estuvo,
restos de lo que tampoco fue
botellas en las esquinas.
Perfume de mujer…

Los bolsillos llenos de arena,
sucias las plantas de los pies
las manos muertas, desnudas.
Los ojos cerrados… Sin ver.

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Otra de Piratas

Ilustración de Arturo Domínguez
Ilustración de Arturo Domínguez

La luna nueva, enorme,
oscura brilla radiante en el cielo
pausado, sereno y tranquilo,
ronronea el lobo, como un perro.

Cristales flotan en el aire,
llueven muertas las estrellas,
el agua del río fluye transparente,
corriente arriba flotan las piedras.

Y amanece desterrado de los mares,
tumbado, borracho bajo la luna
con la escarcha quemándole la cara,
con el alma perdida entre la bruma.

Y la vida sólo es un recuerdo,
de rojos amaneceres infinitos,
de puestas de sol incandescentes,
de cada día siempre igual, distinto.

Sin bellas princesas a su lado,
se ha ido el viento de poniente,
se ha quedado sin brisa, a la deriva
abriendo botellas, fingiéndose alegre.

Cansado de buscar musas y sirenas
una noche de ron el viento roló este,
olas de recuerdos amargos, vacíos,
contra la costa lo arrojaron fuertemente.

El navío destrozado, contra las penas,
a la deriva navegan los despojos,
travesaños, palos, lonas y barriles,
botellas con mensajes, todos rotos.

Y amanece desterrado de los mares,
tumbado borracho bajo la luna,
con la escarcha quemándole la cara,
con el alma perdida entre la bruma.

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Azulejos

Desnudo, vacío frente al espejo
llorando, temblando ojeroso.
Un manojo de piel y de huesos.

Destrozo de un golpe de puño
ese maldito y transparente reflejo,
cristales, sangre y pasta de dientes,
cuchillas, recuerdos, astillas, pelos.

Con las manos ensangrentadas,
de rodillas en el techo,
ruedan lágrimas por los azulejos,
telarañas recorren mi pecho.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

Dejo pasar la vida entera,
apático, borracho y taciturno
discuto cada noche con mi alma,
le pego, la encierro, la insulto.

Pierdo todo lo que gano,
y lo que gano no vale de nada,
y otra vez vuelta a la rueda,
y otra vez como alma en pena.

Como un perro abandonado sin dueño,
un saco viejo lleno de recuerdos,
aullando cada noche a las estrellas,
recordando cuando la vida eran huesos.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

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Hadas

Se aparecen en cualquier momento,
al doblar la esquina, en la avenida,
las puedes ver caminando por la playa
suelen ir desnudas y con sombrilla.

Las alas extendidas a los vientos,
incendiando el mar con solo rozar
los cabellos largos, infinitos,
sus ojos eternos, profundos…Volar.

Seguí sus huellas por la playa,
curioso de saborear su mirada.
La arena terminaba con dos tibias,
cruzadas a los pies de su cama.

Abrí los ojos y olía a cera.
Hachís, limón y tequila,
flores sexo, sombreros…
Colonia, deseo, su sombrilla.

Música horizontal de colores,
melodías desencadenadas,
sobraba el aire entre los cuerpos,
se detenía el tiempo de madrugada.

Me abracé a sus pechos desnudos,
naufragué borracho en su mirada,
me adentré como el veneno en su cuerpo,
besé cada centímetro de su cara.

Me rodeó ardiente con sus piernas,
en su habitación todo se inflamaba,
el aire se consumía con las velas,
entre nosotros todo palpitaba.

Pero ellas no pertenecen a este mundo,
los cuentos de hadas siempre se acaban
y queda un niño que ya no es tan niño
llorando cada noche abrazado a la nada.

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Escarcha

Cuando sus labios se separaron de mi boca
el tiempo se volvió cristal en su mirada.
Lágrimas brotaban de sus ojos temblorosos,
una fría cuchilla oxidada me acariciaba.

Las manos se abrieron sin vida
dejando caer al suelo la escarcha,
la habitación se volvía oscura y confusa.
El alma perdida, sin rumbo se precipitaba.

No hicieron falta palabras de despedida,
el agua salada por momentos me ahogaba,
siguiente paso, cruzar esa maldita puerta,
salir a la calle, olvidar que la amaba.

De rodillas en el ascensor, inerte,
solo dos pisos me separan del cielo
al que subí a dejarme la vida,
del que baje, directo al infierno.

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Un Mal Sueño

Telas de araña en los relojes,
la nevera vacía, ya sin luz,
sillas carcomidas por el tiempo,
sentado en el suelo ante un ataúd.

El sol refleja en los cristales,
acribilla el muro con su calor,
se filtra furtivo por la persianas,
vagabundo va a morir a un rincón.

Cruzo descalzo la estancia oscura.
Cien veces me levanto y me derrumbo,
consumo los minutos, los segundos,
naufrago por el suelo, moribundo.

Te miro y no hay nada que decirte,
entre nosotros resuena el silencio,
arrojo mil frases por el desagüe,
con ginebra, me trago lo que siento.

Incienso, cera… Tantas puñaladas.
Tequila, arena, todo me hace daño
tú tumbada, inerte, ya sin vida
yo mirándote con miedo, temblando.

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Miedo

Aparcado en la cantera de madrugada,
yacen muertas las piedras oxidadas,
la lluvia arranca con caricias las huellas,
por las manos de algún poeta maltrechas.

Se desborda en mis pupilas el mar,
acaricio mis sueños aun despierto,
me aferro a la mentira de que aun estás,
me aferro a la mentira de que no estoy muerto.

Apenas se escucha el silencio,
llueven estrellas a mis pies,
hace frio, cristales por el aire…
Temblando de rodillas, sin saber.

Recuerdo el olor de tu habitación,
las canciones mezcladas con el miedo,
el alcohol, las miradas congeladas.
Unas cuerdas que me ataban al deseo.

La sangre al galope por el pecho,
los ojos cerrados para poder ver.
Deseando que no volara el tiempo.
Sintiendo que sobra hasta la piel.

Un latido me separa de la vida,
un segundo eterno, contra reloj,
una soga colgando de una viga
Todo oscuro, miedo… Sólo yo.

Temblando de puntillas sobre el mundo,
los dedos acarician desnudos el tablón,
temor mezclado con lágrimas, recuerdos…
Un saltito hacia mi última erección.

La respiración se acorta, se detiene,
acaricio con mis ojos el firmamento,
las pupilas buscan entre la penumbra,
en el vacío, tú, mi último recuerdo.

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Azul y Canela

Llegó una tarde como la lluvia,
mojando sin avisar,
calando hasta los huesos.
Abrió la puerta sin llamar.

Me rodeó con sus brazos,
no me quise escapar,
me susurró “estás loco”.
Y todo empezó a girar.

Dando vueltas sin rumbo,
mezclando azul con canela,
mar, teca, arena, alquitrán,
cielo, cuervos, aviones, tierra…

Un partida con cartas marcadas,
aposté mi vida, quizá de farol,
sobre la mesa ron, tabaco y canciones.
Del otro lado tequila con limón.

Ella jugó en serio la primera mano,
no dudó y ofreció el corazón,
mirándome fijamente a los ojos
esa noche, ninguno perdió.

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