Desnudo, vacío frente al espejo
llorando, temblando ojeroso.
Un manojo de piel y de huesos.

Destrozo de un golpe de puño
ese maldito y transparente reflejo,
cristales, sangre y pasta de dientes,
cuchillas, recuerdos, astillas, pelos.

Con las manos ensangrentadas,
de rodillas en el techo,
ruedan lágrimas por los azulejos,
telarañas recorren mi pecho.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

Dejo pasar la vida entera,
apático, borracho y taciturno
discuto cada noche con mi alma,
le pego, la encierro, la insulto.

Pierdo todo lo que gano,
y lo que gano no vale de nada,
y otra vez vuelta a la rueda,
y otra vez como alma en pena.

Como un perro abandonado sin dueño,
un saco viejo lleno de recuerdos,
aullando cada noche a las estrellas,
recordando cuando la vida eran huesos.

Te quiero tanto que ya no te quiero.
Te quiero tanto que te voy al olvidar.
Te quiero tanto que se detiene el tiempo.
Te quiero tanto que ya me da igual.

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