Ala de gaviota

La lluvia de colores ha cesado,
el rojo, oculto entre la hierba,
los barcos, que ya no navegan,
condenados, sin vida sobre la tierra.

Sus remos anclados sacuden arena,
bajo una brisa de alas de gaviota,
murmura el río, bajo los coches,
yo mirando, como un idiota.

El miedo como si fuese hiedra
va anclando mis pies al suelo,
la lluvia lava mis manos.
Me ahogo en el charco
blanco del suelo.

Se refleja la luna en cada gota
que por la noche anida en mi ventana,
pero cae, precipitándose al granito
si la toco, si la beso, se me escapa.

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