Africa

No pude cortar la hemorragia de lágrimas,
que noche tras noche golpeaba mi almohada,
la batalla con las sábanas del sueño,
el olor a tabaco en la ropa mojada.

La rebelión de los platos sucios,
vasos rotos, restos y cucharas,
cansados de un descanso eterno,
sin lavar, como la ropa recién planchada.

Las manos tras una cara de cera,
escondiendo el poder de una mirada
gris, opaca, mostrando la verdad,
de los que juzgan sin saber de nada.

Café recién hecho, antes de ayer,
tres días antes de mañana,
con retraso parte el tren de la vida,
a cualquier lugar, a cualquier parada.

Y volé en un barco aquella tarde,
flotaba el miedo sobre el mar
los recuerdos no subían a bordo,
en la boca, sopa de cristal.

Por las noches en el camarote
hierve la vida en una cuchara,
las pupilas se amotinan nerviosas
contra unos ojos que ya no ven nada.

Las sombras recorren la madera,
teca olorosa del norte de África,
noches mirando en silencio al estrecho
fumando sueños, bajo un cielo plata.

Y amanece un nuevo día soleado,
con una aguja clavada en la vela,
el salitre seco ya en la boca,
en el horizonte, azul y canela.

Las olas del mar me borraron la sonrisa,
secaron las lágrimas dulces de mis ojos,
llenaron de surcos mi piel de niño malo,
enredaron mi pelo, mis sueños, todo.

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